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Mujeres astrónomas

Ella es una Astrónoma

Con el paso de los años, las mujeres han ido consiguiendo poco a poco el reconocimiento social de sus derechos fundamentales, que los hombres siempre han querido mantener para sí mismos. Actualmente esta “batalla social” aún sigue en marcha pues aún existen personas y culturas que no reconocen la igualdad entre las mujeres y los hombre. Por este motivo, en esta última colaboración para el blog de aficionados del Año Internacional de la Astronomía, me gustaría romper una lanza por el reconocimiento de esta igualdad haciendo un repaso histórico a una serie de mujeres astrónomas que han ayudado a dar grandísimos pasos en la comprensión del universo; cayendo sus nombres, la mayoría de las veces, en el olvido sin que ni siquiera se les haya atribuido mérito alguno.

Comenzando por la antigüedad, la mujer más influyente que ha habido antes del nacimiento de Jesucristo fue Aglaonike. Aunque se piensa que este nombre es realmente un pseudónimo (se podría traducir por Victoria de la luz), se sabe que esta mujer que vivió en el siglo II a.C. era una gran conocedora de la astronomía, sobretodo de los eclipses. Aplicando conocimientos matemáticos y teniendo una tabla con los eclipses anteriores podía perfectamente determinar cuando iba a suceder otro, aplicando lo que hoy día conocemos como ciclo de Saros. Sus coetáneos no querían reconocer sus dotes para la matemática así que prefirieron pensar que tenía poderes sobrenaturales. Toda una lección de inteligencia, vamos.

Hipatia de Alejandría

Hipatia de Alejandría

Avanzando un poco más en la historia llegamos a la que es sin duda una de las mujeres más respetadas en la ciencia en la antigüedad: Hipatia de Alejandría (siglo IV). Era hija del astrónomo Teón y destacó en las matemáticas y la astronomía. Tanto es así que publicó 13 libros-comentarios al Almagesto de Ptolomeo y mejoró uno de los instrumentos que se usaban principalmente para el estudio del cielo: el astrolabio. Cuenta con muchas más obras, que por desgracia no se han conservado, algunas de las cuales sí que son conocidas gracias a haber sido citadas o comentadas en los libros de sus discípulos. Actualmente quizá sea más conocida por la película Ágora que Alejandro Amenábar le dedica.

La siguiente mujer ya nos trae a España y nos hace avanzar unos cuantos siglos en el tiempo. Se trata de Fátima de Madrid (siglo X). Esta astrónoma musulmana, hija de padre también astrónomo con el que colaboró, basó su trabajo en editar y corregir tablas astronómicas centrándolas en Córdoba, capital del Califato; convirtiendo así esta ciudad en el centro del mundo astronómico. Trabajó también en cálculos sobre la posición de la Luna o el Sol en el cielo, eclipses o paralaje. Su obra más destacada es Las Correcciones de Fátima, donde realiza una revisión actualizada de los conocimientos existentes en su época.

A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII las mujeres empiezan a aparecer en la astronomía de forma muy significativa. La hermana de Tycho Brahe, Sophia Brahe, ayudó a Tycho en el cálculo de eclipses y observaciones. Maria Cunitz, hija y esposa de dos prestigiosos doctores, escribió un libro en 1650 titulado Urania propitia que sirvió para la popularización de las leyes de Kepler en la sociedad, basándose principalmente en la segunda de estas leyes. Y Maria Eimmart, hija del astrónomo Georg Eimmart, realizó 250 dibujos de la Luna que sirvieron para hacer una mapa lunar bastante preciso, con similitudes con los dibujos de la Luna realizadas por Galileo con ayuda de su telescopio unos pocos años antes.

El primer descubrimiento por parte de una astrónoma se produjo en 1702, y fue realizado por Maria Winckelmann Kirch. Descubrió un cometa que fue bautizado de forma original como “Cometa de 1702”. Sin embargo su trabajo no se limitó a esto si no que contribuyó con estudios sobre auroras boreales, conjunciones planetarias o la realización de calendarios de eventos astronómicos. Además, recibió la Medalla de Oro de la Academia Prusiana de las Ciencias en 1709.

Caroline Herschel

Caroline Herschel

La otra “hermanísima”, además de Sophia Brahe, fue Caroline Herschel. Hermana del gran William Herschel, fue descubridora de 14 nebulosas y fue la primera en darse cuenta de que el cielo está plagado de ellas. Descubrió también cometas, realizó catálogos de estrellas y nebulosas y ayudó a su hermano en la construcción de sus inmensos telescopios para la época. También recibió la medalla de oro de Ciencias del rey de Prusia y se convirtió en la primera astrónoma profesional al recibir un salario de 50 libras anuales por parte del rey británico Jorge III.

Pero no todos los avances de mujeres astrónomas se dieron en el viejo continente. En China, Wang Zhenyi, estudió los eclipses lunares investigando con modelos que construía en el jardín de su casa y escribió doce libros sobre astronomía y matemáticas. Destaca su obra Algunas observaciones sobre las formas y figuras dedicado a las posiciones estelares, y el libro Sobre la forma de bola de la Tierra donde explica por qué la gente no se cae de la Tierra esférica, entre otros temas. Por otro lado, en Estados Unidos brilla con luz propia la figura de Maria Mitchell, considerada como la primera astrónoma académica del país, además de ser la primera mujer que accedió tanto a la Academia Americana de Artes y Ciencias (en 1848) y en la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (en 1850). En 1847 descubrió el cometa que lleva su nombre, y que le valió una medalla de oro por parte del rey de Dinamarca.

Ya nos acercamos a la actualidad y lo siguiente en la historia es el grupo de mujeres conocido como Harén de Pickering. Edward Pickering era director del observatorio de Harvard y se dio cuenta que las mujeres realizaban un trabajo estupendo estudiando las placas fotográficas y los espectros obtenidos en la estación que el Observatorio de Harvard tenía en Arequipa, así que empezó a contratarlas para que le ayudaran en su trabajo. Muchas de las “mujeres calculadoras” que contrató se aficionaron a la ciencia y realizaron fantásticos descubrimientos. La primera de ellas fue Williamina Paton Stevens Fleming. Williamina empezó como una simple criada, pero llegó a ser la conservadora del archivo fotográfico tras realizar grandes descubrimientos como la nebulosa Cabeza de Caballo. En total descubrió 10 novas, 52 nebulosas y cientos de estrellas variables. Otra de las más importantes mujeres del harén fue Annie Jump Cannon. Annie estudió y catalogó nada menos que unos 225.000 espectros de diferentes estrellas y a partir de estos datos creó la base de la clasificación estelar actual de acuerdo a su luminosidad. Sobra decir que es la persona, hombre o mujer, que más astros de este tipo ha catalogado en la historia.

Las otras dos mujeres más destacadas del Harén de Pickering son Henrietta Swan Leavitt y Cecilia Payne-Gaposchkin. Henrietta descubrió la relación entre el periodo y la luminosidad de las estrellas variables Cefeidas, lo que ha permitido poder medir distancias de forma precisa en la galaxia. Esto permitió luego a Hubble demostrar que nuestra galaxia era sólo una más en el universo con la confirmación de que la mancha que aparecía en la constelación de Andrómeda era otra galaxia diferente a la nuestra. Por su parte, Cecilia fue la primera mujer en doctorarse en Astronomía en Harvard y demostró que las estrellas estaban compuestas principalmente de hidrógeno, lo que supuso un gran cambio de paradigma en 1925, que muchos no quisieron aceptar.

El Harén de Pickering

El Harén de Pickering

Para terminar me gustaría destacar a Jocelyn Bell (1943-) por la gran injusticia que sufrió. Cuando era estudiante de doctorado, observando quásares con el radiotelescopio de Cavendish descubrió una señal periódica que se repetía cada 1,33 segundos, a la que de forma jocosa llamó “hombrecillo verde“. Su director de tesis, Antony Hewish, no le hizo mucho caso al principio, pero al observar la señal en el cielo de forma constante postuló que se trataba de un nuevo objeto. Efectivamente, se trataba de una estrella de neutrones pulsante: púlsar. Hewish recibió el premio Nobel en 1974 por este descubrimiento mientras que Jocelyn, que fue la que detectó el patrón regular de estos objetos, ¡¡ni siquiera fue nombrada!! Actualmente se le han reconocido por fin los méritos.

Estoy seguro de que me he dejado por el camino muchísimas astrónomas como Paris Pismis, Margaret Burbidge, Carolyn Shoemaker, Catherine Cesarsky o las españolas Assumpció Català i Poch y Antonia Ferrín Moreiras, ambas fallecidas este año; pero os dejo que busquéis cosas sobre ellas por vosotros mismos para no extenderme más.

Sin embargo, no quiero despedirme sin antes recomendaros que visitéis la web del proyecto pilar del Año Internacional de la Astronomía Ella es una Astrónoma en el que podréis disfrutar de un calendario de astrónomas, los documentales Mujeres en las estrellas en los que hay entrevistas a Assumpció Català y Antonio Ferrín (programa II), podcasts de radio, y muchísima más información sobre el papel de la mujer en la astronomía. Os la recomiendo.

Saludos 😉

Fuentes:
Mujeres y astronomía, de Josefa Masegosa Gallego
– Proyecto Pilar del AIA09: Ella es una astrónoma

Nota: Este artículo surge gracias a una estupenda conferencia titulada Astrónomas: un Universo desconocido impartida por la doctora Josefina Ling en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo, con motivo de la Semana de la Ciencia. Agradecer también a Josefina Ling el haber dedicado un tiempo en su apretada agenda a corregir amablemente este artículo.

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El arte en la astronomía

Saturno por Cassini

En nuestra sociedad suele existir una tendencia bastante popular a pensar que la ciencia y el arte son dos cosas diametralmente opuestas. Es cierto que existe una distancia entre ambas disciplinas, no tan acentuada como aquellos que piensan que la cultura es sólamente saber “de letras” y/o que “las ciencias” no son importantes, pero existe. Sin embargo, una vez te adentras en el mundo de la ciencia puedes encontrarte con cosas que se parecen más al arte que a la propia ciencia. En esta entrada os voy a hablar sobre algunas de las curiosidades artísticas de la astronomía, por ser quizá una de las ramas que mayores posibilidades ofrece para disfrutarla de forma visual, e incluso sonora.

La astronomía, así como la astrofísica, se basa principalmente en las observaciones realizadas por telescopios y radioantenas, ya sean con base terrestre o espacial. Debido a que nuestra atmósfera es una mala compañera que nos perturba las imágenes y nos hace invisible el cielo a ciertas longitudes de onda, lo mejor es salirnos siempre que podemos fuera de nuestro planeta para observar. Esto supone un mayor costo económico, pero se gana en potencia y nitidez en las imágenes que recibamos, lo que a la postre supone unos resultados científicos más precisos al estudiar los datos.

Otra propiedad importante de la astrofísica es que podemos observar el universo en el espectro electromagnético completo, es decir, desde las amplias ondas de radio a los energéticos rayos gamma. Desde tierra no podemos captar algunas emisiones, como bien podemos ver en la imagen inferior en la que se representa la absorción por parte de la atmósfera de diferentes tipos de radiación electromagnética. Así pues, los rayos gamma, rayos X, ultravioleta o infrarrojo no somos capaces de observarlos con un telescopio terrestre, y es necesario salirse al espacio para estudiar el universo en dichas longitudes de onda.

Absorcion de la radiación por parte de la atmósfera

Y aquí es dónde comienza a aparecer el arte en la astronomía. La gran mayoría de las astrofotografías realizadas por los telescopios espaciales están tomadas en una zona del espectro electromagnético que no es visible al ojo humano, es decir, no está en la región óptica en la que aparecen los colores. Esto quiere decir que en estas imágenes es completamente imposible que podamos ver algún color. Sin embargo en casi todas las fotografías que podemos observar en internet o los medios de comunicación sí que están a color. ¿Dónde está el truco entonces? La respuesta es muy sencilla: aplicando una simple transformación a la imagen para darla falso color.

El falso color se puede realizar con una sola tonalidad como por ejemplo hacen las cámaras de visión nocturna, en las que las imágenes son de color verde; o se puede realizar con la totalidad del espectro de colores. Este último caso es el más llamativo desde el punto de vista artístico pues siempre es más bonito ver una imagen con diferentes colores y tonalidades que una imagen monocromática. La forma de hacer esto último es sencilla e ingeniosa. Se coge la imagen obtenida por el telescopio y se asigna a la mayor longitud de onda observada el color rojo. Por otro lado, a la menor longitud de onda observada se le asigna el color azul. El resto de colores, se van dando de forma homogénea según el resto de frecuencias que haya en la imagen. Una aplicación de este método se puede ver en la siguiente fotografía de nuestro Sol tomada por el telescopio espacial SOHO de la NASA en luz ultravioleta.

El Sol en ultravioleta por el SOHO

Otra forma artística de observar y comprender el universo puede ser escuchándolo. Como ya sabréis, en el medio interestelar o interplanetario es imposible la propagación de una onda mecánica como es el sonido, pero podemos hacer una transformación para convertir la radiación electromagnética en sonido, al igual que hacemos en la Tierra con las ondas de radio. Esta conversión se puede realizar sea cual sea la longitud de onda de la radiación electromagnética, es decir no es algo único de las ondas de radio, y los sonidos resultantes pueden llegar a ser muy bonitos. Como ejemplo, os voy a dejar con los sonidos de un conjunto de 16 púlsares del cúmulo 47 Tucanae que llegan a sonar bastante armónicos. Existen muchas más “grabaciones sonoras” de púlsares y cuerpos de nuestro Sistema Solar que os invito a buscar por la red.

Así pues, tenemos que la astronomía, pese a ser una ciencia pura, muy basada en la observación y comprobación de hipótesis, tiene también un aspecto artístico que nos permite tener imágenes y fotografías que, bajo mi punto de vista, son las mayores joyas que podemos alcanzar hoy en día. Quizá no sean un cuadro de Picasso, Goya, o Van Gogh, pero las astrofotografías, en cierto modo, son pequeñas pinceladas del pasado que nos muestran de dónde venimos y, lo que es mejor, hacia dónde vamos.

Saludos 😉

Publicado bajo la categoría Educación Primaria, Educación Secundaria, Educación Universitaria, Fotografía Astronomica, General
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