Acercaremos el cosmos a los ojos de millones de personas

Astrobloguers

Blog de los aficionados a la Astronomía
Astrobloguers » Entradas bajo la categoría Historia de la astronomía

Mujeres astrónomas

Ella es una Astrónoma

Con el paso de los años, las mujeres han ido consiguiendo poco a poco el reconocimiento social de sus derechos fundamentales, que los hombres siempre han querido mantener para sí mismos. Actualmente esta “batalla social” aún sigue en marcha pues aún existen personas y culturas que no reconocen la igualdad entre las mujeres y los hombre. Por este motivo, en esta última colaboración para el blog de aficionados del Año Internacional de la Astronomía, me gustaría romper una lanza por el reconocimiento de esta igualdad haciendo un repaso histórico a una serie de mujeres astrónomas que han ayudado a dar grandísimos pasos en la comprensión del universo; cayendo sus nombres, la mayoría de las veces, en el olvido sin que ni siquiera se les haya atribuido mérito alguno.

Comenzando por la antigüedad, la mujer más influyente que ha habido antes del nacimiento de Jesucristo fue Aglaonike. Aunque se piensa que este nombre es realmente un pseudónimo (se podría traducir por Victoria de la luz), se sabe que esta mujer que vivió en el siglo II a.C. era una gran conocedora de la astronomía, sobretodo de los eclipses. Aplicando conocimientos matemáticos y teniendo una tabla con los eclipses anteriores podía perfectamente determinar cuando iba a suceder otro, aplicando lo que hoy día conocemos como ciclo de Saros. Sus coetáneos no querían reconocer sus dotes para la matemática así que prefirieron pensar que tenía poderes sobrenaturales. Toda una lección de inteligencia, vamos.

Hipatia de Alejandría

Hipatia de Alejandría

Avanzando un poco más en la historia llegamos a la que es sin duda una de las mujeres más respetadas en la ciencia en la antigüedad: Hipatia de Alejandría (siglo IV). Era hija del astrónomo Teón y destacó en las matemáticas y la astronomía. Tanto es así que publicó 13 libros-comentarios al Almagesto de Ptolomeo y mejoró uno de los instrumentos que se usaban principalmente para el estudio del cielo: el astrolabio. Cuenta con muchas más obras, que por desgracia no se han conservado, algunas de las cuales sí que son conocidas gracias a haber sido citadas o comentadas en los libros de sus discípulos. Actualmente quizá sea más conocida por la película Ágora que Alejandro Amenábar le dedica.

La siguiente mujer ya nos trae a España y nos hace avanzar unos cuantos siglos en el tiempo. Se trata de Fátima de Madrid (siglo X). Esta astrónoma musulmana, hija de padre también astrónomo con el que colaboró, basó su trabajo en editar y corregir tablas astronómicas centrándolas en Córdoba, capital del Califato; convirtiendo así esta ciudad en el centro del mundo astronómico. Trabajó también en cálculos sobre la posición de la Luna o el Sol en el cielo, eclipses o paralaje. Su obra más destacada es Las Correcciones de Fátima, donde realiza una revisión actualizada de los conocimientos existentes en su época.

A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII las mujeres empiezan a aparecer en la astronomía de forma muy significativa. La hermana de Tycho Brahe, Sophia Brahe, ayudó a Tycho en el cálculo de eclipses y observaciones. Maria Cunitz, hija y esposa de dos prestigiosos doctores, escribió un libro en 1650 titulado Urania propitia que sirvió para la popularización de las leyes de Kepler en la sociedad, basándose principalmente en la segunda de estas leyes. Y Maria Eimmart, hija del astrónomo Georg Eimmart, realizó 250 dibujos de la Luna que sirvieron para hacer una mapa lunar bastante preciso, con similitudes con los dibujos de la Luna realizadas por Galileo con ayuda de su telescopio unos pocos años antes.

El primer descubrimiento por parte de una astrónoma se produjo en 1702, y fue realizado por Maria Winckelmann Kirch. Descubrió un cometa que fue bautizado de forma original como “Cometa de 1702″. Sin embargo su trabajo no se limitó a esto si no que contribuyó con estudios sobre auroras boreales, conjunciones planetarias o la realización de calendarios de eventos astronómicos. Además, recibió la Medalla de Oro de la Academia Prusiana de las Ciencias en 1709.

Caroline Herschel

Caroline Herschel

La otra “hermanísima”, además de Sophia Brahe, fue Caroline Herschel. Hermana del gran William Herschel, fue descubridora de 14 nebulosas y fue la primera en darse cuenta de que el cielo está plagado de ellas. Descubrió también cometas, realizó catálogos de estrellas y nebulosas y ayudó a su hermano en la construcción de sus inmensos telescopios para la época. También recibió la medalla de oro de Ciencias del rey de Prusia y se convirtió en la primera astrónoma profesional al recibir un salario de 50 libras anuales por parte del rey británico Jorge III.

Pero no todos los avances de mujeres astrónomas se dieron en el viejo continente. En China, Wang Zhenyi, estudió los eclipses lunares investigando con modelos que construía en el jardín de su casa y escribió doce libros sobre astronomía y matemáticas. Destaca su obra Algunas observaciones sobre las formas y figuras dedicado a las posiciones estelares, y el libro Sobre la forma de bola de la Tierra donde explica por qué la gente no se cae de la Tierra esférica, entre otros temas. Por otro lado, en Estados Unidos brilla con luz propia la figura de Maria Mitchell, considerada como la primera astrónoma académica del país, además de ser la primera mujer que accedió tanto a la Academia Americana de Artes y Ciencias (en 1848) y en la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (en 1850). En 1847 descubrió el cometa que lleva su nombre, y que le valió una medalla de oro por parte del rey de Dinamarca.

Ya nos acercamos a la actualidad y lo siguiente en la historia es el grupo de mujeres conocido como Harén de Pickering. Edward Pickering era director del observatorio de Harvard y se dio cuenta que las mujeres realizaban un trabajo estupendo estudiando las placas fotográficas y los espectros obtenidos en la estación que el Observatorio de Harvard tenía en Arequipa, así que empezó a contratarlas para que le ayudaran en su trabajo. Muchas de las “mujeres calculadoras” que contrató se aficionaron a la ciencia y realizaron fantásticos descubrimientos. La primera de ellas fue Williamina Paton Stevens Fleming. Williamina empezó como una simple criada, pero llegó a ser la conservadora del archivo fotográfico tras realizar grandes descubrimientos como la nebulosa Cabeza de Caballo. En total descubrió 10 novas, 52 nebulosas y cientos de estrellas variables. Otra de las más importantes mujeres del harén fue Annie Jump Cannon. Annie estudió y catalogó nada menos que unos 225.000 espectros de diferentes estrellas y a partir de estos datos creó la base de la clasificación estelar actual de acuerdo a su luminosidad. Sobra decir que es la persona, hombre o mujer, que más astros de este tipo ha catalogado en la historia.

Las otras dos mujeres más destacadas del Harén de Pickering son Henrietta Swan Leavitt y Cecilia Payne-Gaposchkin. Henrietta descubrió la relación entre el periodo y la luminosidad de las estrellas variables Cefeidas, lo que ha permitido poder medir distancias de forma precisa en la galaxia. Esto permitió luego a Hubble demostrar que nuestra galaxia era sólo una más en el universo con la confirmación de que la mancha que aparecía en la constelación de Andrómeda era otra galaxia diferente a la nuestra. Por su parte, Cecilia fue la primera mujer en doctorarse en Astronomía en Harvard y demostró que las estrellas estaban compuestas principalmente de hidrógeno, lo que supuso un gran cambio de paradigma en 1925, que muchos no quisieron aceptar.

El Harén de Pickering

El Harén de Pickering

Para terminar me gustaría destacar a Jocelyn Bell (1943-) por la gran injusticia que sufrió. Cuando era estudiante de doctorado, observando quásares con el radiotelescopio de Cavendish descubrió una señal periódica que se repetía cada 1,33 segundos, a la que de forma jocosa llamó “hombrecillo verde“. Su director de tesis, Antony Hewish, no le hizo mucho caso al principio, pero al observar la señal en el cielo de forma constante postuló que se trataba de un nuevo objeto. Efectivamente, se trataba de una estrella de neutrones pulsante: púlsar. Hewish recibió el premio Nobel en 1974 por este descubrimiento mientras que Jocelyn, que fue la que detectó el patrón regular de estos objetos, ¡¡ni siquiera fue nombrada!! Actualmente se le han reconocido por fin los méritos.

Estoy seguro de que me he dejado por el camino muchísimas astrónomas como Paris Pismis, Margaret Burbidge, Carolyn Shoemaker, Catherine Cesarsky o las españolas Assumpció Català i Poch y Antonia Ferrín Moreiras, ambas fallecidas este año; pero os dejo que busquéis cosas sobre ellas por vosotros mismos para no extenderme más.

Sin embargo, no quiero despedirme sin antes recomendaros que visitéis la web del proyecto pilar del Año Internacional de la Astronomía Ella es una Astrónoma en el que podréis disfrutar de un calendario de astrónomas, los documentales Mujeres en las estrellas en los que hay entrevistas a Assumpció Català y Antonio Ferrín (programa II), podcasts de radio, y muchísima más información sobre el papel de la mujer en la astronomía. Os la recomiendo.

Saludos ;)

Fuentes:
Mujeres y astronomía, de Josefa Masegosa Gallego
– Proyecto Pilar del AIA09: Ella es una astrónoma

Nota: Este artículo surge gracias a una estupenda conferencia titulada Astrónomas: un Universo desconocido impartida por la doctora Josefina Ling en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo, con motivo de la Semana de la Ciencia. Agradecer también a Josefina Ling el haber dedicado un tiempo en su apretada agenda a corregir amablemente este artículo.

Publicado bajo la categoría Historia de la astronomía
Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

La Vía Láctea hacia Santiago de Compostela

Concha del Camino de SantiagoDesde que el hombre comenzó a mirar al cielo, ese reguero blanquecino que hoy conocemos como Vía Láctea nos ha llamado siempre la atención. En todas las culturas antiguas aparecen mitos y leyendo acerca de como se formó y qué función tiene: desde que es el camino para las almas caídas, según los vikingos; hasta que es leche del seno de Hera (Juno para los romanos) que se derramó al separar a Heracles (Hércules para los romanos) de su pecho con violencia, según los griegos; pasando por un montón de historias diferentes para el resto de pueblos como los mayas, los chinos, o las tribus indias. Más recientemente, la Vía Láctea adquirió otra función más acorde a los tiempos de la Edad Media, la peregrinación con motivos religiosos.

En el siglo XII de nuestra era, se escribió el Códice Calixtino que es una especie de guía para facilitar la llegada de los peregrinos a Santiago de Compostela, además de contener textos religiosos como liturgias y salmos. En dicho Códice, conservado actualmente en el archivo de la catedral de Santiago de Compostela, se consolida la relación de la Vía Láctea con el Camino de Santiago. Y digo consolida porque anteriormente ya se había hablado de esta relación pues se creía que la Vía Láctea era una señal divina formada por una catarata de estrellas que caía del cielo y apuntaba hacia el sepulcro de Santiago. De esta forma se encontró el supuesto sepulcro del Apostol y se creó la ciudad en el siglo IX. Fue a partir de entonces cuando comenzó la peregrinación de gente procedente de toda Europa hacia la ciudad para adorar el santo sepulcro. Volviendo al Códice, lo que se relata en él es que el propio Apostol se le apareció a Carlomagno para indicarle que siguiendo la Vía Láctea podría llegar a Santiago de Compostela.

Actualmente sabemos que esta indicación es bastante pobre. El motivo es que las estrellas que conforman el reguero de leche, al igual que el resto de estrellas del firmamento (a excepción de la estrella Polar) tienen un movimiento relativo en el cielo que las hace salir por el este y esconderse por el oeste. Además, según la estación del año, la posición de la Vía Láctea también varía, por lo que realmente no nos sirve como guía hacia Santiago. Tan solo en las mañanas de verano es cuando la Vía Láctea puede servir a los peregrinos pues tiene una orientación este-oeste (E-W). Desde el norte de España es fácil tomar la dirección oeste hacia Santiago ya que es el lado del reguero contrario al de la salida del Sol. Los peregrinos europeos, sin embargo, lo tienen más difícil ya que la dirección a tomar es la noreste-sudoeste (NE-SW), motivo de más para no fiarse de hacia dónde “apunta” la Vía Láctea. Así pues, es bastante más fiable orientarse mediante el Sol durante el día o la estrella Polar durante la noche, aunque esto no tenga un matiz religioso.

Vía Láctea

La idea de orientarse mediante una catarata de estrellas que cae desde el cielo hacia Santiago se queda, por tanto, en un mero recuerdo de aquellas épocas medievales en la que reinaba la religión y cualquier cosa en el cielo como la propia Vía Láctea, un cometa, o una lluvia de estrellas era considerado como una señal divina de que algo iba a suceder.

Actualmente, es mucho más fácil llegar a Santiago de Compostela, ya que disponemos de sistemas de geolocalización modernos como los GPS, pero claro, ¿dónde queda ahí el romanticismo de orientarnos mediante el cielo? Desgraciadamente la gente ya apenas mira al cielo para algo más que para ver formas en las nubes o perder la mirada en el infinito. Personalmente creo que tenemos mucho que aprender de aquellos peregrinos medievales que día tras día se ponían en marcha hacia Santiago de Compostela sin más brújula que el Sol, las estrellas, o una errante cascada blanquecina de estrellas.

Saludos ;)

Nota: Durante el artículo se habla siempre de la Vía Láctea como ese reguero de estrellas blanquecino que vemos en el firmamento por las noches. Realmente es tan sólo una parte de nuestra galaxia, ya que todas y cada una de las estrellas que vemos en el cielo forman parte de ella.

Fuentes:
PDF de Museos Científicos Coruñeses
El Camino de Santiago

Publicado bajo la categoría General, Historia de la astronomía
Etiquetas: , , , , ,

La ciudad con las calles más astronómicas de España

Alicante cuenta con más de 50 calles con nombres astronómicos

La asociación astronómica de la Universidad de Alicante ‘Astroingeo-Ciudad de las Estrellas en colaboración de la asociación vecinal ‘La Voz de la Florida’, de la capital alicantina, organizó los días 12 y 13 de junio un novedoso homenaje cultural y una actividad astronómica titulada “Encuentra tu calle en el cielo” destinada a dar a conocer la vinculación astronómica de la ciudad con el cielo.



En el cuadringentésimo aniversario de la utilización por parte del astrónomo italiano Galileo Galilei del telescopio para estudiar el firmamento, la asociación universitaria de aficionados y amantes a la astronomía no ha querido pasar por alto el hecho de que, “Alicante sea una de las ciudades españolas que mayor número de calles cuenta en su haber con nombres astronómicos con más de 50 calles y, para más inri, la mayoría de ellas en el entrañable barrio de La Florida”, según explicó el promotor de esta iniciativa cultural el profesor Enrique Aparicio, presidente de la asociación Astroingeo.

Las actividades culturales, que cuentan con el apoyo y colaboración de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alicante, entre otros, comenzaron el viernes, día 12 de junio, en el Albergue Juvenil del IVAJ situado de la avenida de Orihuela de la capital alicantina, en la llamada Prisión de José Antonio. La conferencia titulada “las calles del barrio de La Florida” impartida por el cronista municipal de Alicante José María Bonastre abrió la celebración del homenaje. El cronista en su elocución hizo un repaso al origen y desarrollo de esta importante barriada alicantina, apoyado por imágenes modernas y antiguas, principalmente planos y mapas.

http://www.ciudaddelasestrellas.org/cdle/images/homenaje_florida/_MG_3354.jpg

A continuación, a las 20 horas, tras la proyección del tráiler oficial del Año Internacional de la Astronomía, Astroingeo-Ciudad de las Estrellas presentó a los asistentes un cortometraje documental, de unos 15 minutos de duración, elaborado por la propia asociación en el que se recorren algunas de las calles más céntricas y “astronómicas” de La Florida (calles de Rigel, Andrómeda, Lira, Cefeo o Aldebarán, entre otras). Todas estas calles reciben los nombres de constelaciones, estrellas o instrumentos astronómicos y son sólo una pequeña parte de las más de 50 vías con referencias a esta venerable ciencia repartidas por toda la ciudad de Alicante.

Posteriormente, a las 20:30 horas, el profesor del Departamento de Cartografía y Expresión Gráfica de la UA Enrique Aparicio ejerció de “maestro de ceremonia” en este homenaje cultural al barrio. Se dirigió al público asistente con unas palabras que recordarán al astrónomo español José Comas y Solá, que es además el único nombre de calle de la ciudad que recuerda a un astrónomo español.

http://www.ciudaddelasestrellas.org/cdle/images/homenaje_florida/_MG_3351.jpg

Un día después, el sábado día 13 de junio a 18 horas, en el llamado Chalet del Ingeniero junto a las viejas cocheras del tranvía se hizo entrega de los premios del “Concurso de Cuentos de Astronomía” promovido por la agrupación astronómica y al que se adhirieron voluntariamente, hace ya unas semanas, más de 300 escolares de los diversos colegios de La Florida. El ganador del concurso se llevó a casa un telescopio de la marca Celestron de regalo. Hubo obsequios para todos los participantes.

Posteriormente se procedió al acto de entrega de una placa conmemorativa a Felicidad Sánchez Sánchez, presidenta de la asociación de vecinos “La Voz de La Florida”, en agradecimiento a sus continuados esfuerzos por defender y promover el desarrollo social del barrio en múltiples y variadas áreas de actuación, siempre con la ayuda de sus compañeros de la asociación vecinal.

A las 20 horas se repitió la proyección del cortometraje documental sobre las calles del barrio y su relación con la astronomía, para dar paso a una serie de breves documentales sobra la ciencia de nuestro cielo y tomar un bocado.

http://www.ciudaddelasestrellas.org/cdle/images/calles_la_florida/comas_sola.jpg

A las 21:30 horas, a medida que comenzó a anochecer y se despejó el cielo sobre las Cocheras del Tranvía, los miembros de Astroingeo y los vecinos procedieron a la tradicional plantada de telescopios para, una media hora después, dar comienzo a una sesión de observación astronómica abierta a todos los públicos en cuanto aparecieron las primeras estrellas de la noche. Durante la velada se ofrecerán explicaciones y detalles para el reconocimiento de las constelaciones visibles en esta época del año; esperaremos a la llegada del llamado “Triángulo de verano, las estrellas más destacadas de la primavera así como la Luna y varios de los planetas más brillantes, entre otros objetos celestes… La actividad terminó sobre las 3 horas de la madrugada al “amanecer” al planeta Júpiter y disfrutado de la Luna en fase menguante.

Para conmemorar esta actividad cultural, científica y astronómica, el Departamento de Cartografía y Expresión Gráfica de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Alicante en colaboración con los miembros de Astroingeo y bajo la dirección del propio Aparicio ha editado un pequeño libro de mano en el que, de una manera amena e ilustrada, se hace un breve repaso a algunos de los objetos celestes que se encuentran entre las calles del barrio alicantino. Este librito ha sido repartido entre un buen número de escolares de La Florida que han participado en el Concurso de Cuentos Astronómicos. Lo tenéis disponible enwww.ciudaddelasestrellas.org en formato pdf.

La presidenta de la Voz de la Florida Felicidad Sánchez muestra la placa de su homanje, entre la concejal de Medio Ambiente de Alicante Asunción Sánchez Zaplana y el profesor de la Universidad de Alicante, Enrique Aparicio.

 

Manuel R. de Viguri,

vocal de comunicación de Astroingeo-Ciudad de las Estrellas.

www.ciudaddelasestrellas.org

info@ciudaddelasestrellas.org

Publicado bajo la categoría Agrupaciones de tu provincia, Astronomía en la vida cotidiana, General, Historia de la astronomía, Investigación Amateur, Viviendo el IYA-AIA

La Astronomía y el inicio del Cine

El cine siempre ha sido reflejo de las inquietudes del gran público y una de las máquinas para estimular la imaginación. Es curioso como los temas astronómicos más pintorescos surgieron a principios del siglo XX, posiblemente por la llegada del Halley y por los numerosos eclipses de Sol que hubo en Europa en aquellos años. En España nació unos de los pioneros del cine, Segundo de Chomón,Fue, posiblemente el primero en filmar un eclipse de Sol al natural, sin embargo no he conseguido esa filmación (aun, se buscan voluntarios para la búsqueda.). Suyos también son “Voyage dans la lune” y “Voyage au planète Jupiter” que presento a continuación. Esta es una entrada cinematográfica por lo que mejor que dar paso a 4 obras maestras del cine mudo astronómico. Eclipse de Sol (no es la de Segundo, pero si es de la misma época), de Segundo, Excursión a la Luna y al Planeta Júpiter y el mítico viaje a la Luna de Melié.


‘leclipse de soleil en pleine lune
Cargado por informatenlared

Viaje al planeta Jupiter
Cargado por informatenlared

Excursion a la luna
Cargado por informatenlared


Viaje a la luna por Melié

Publicado bajo la categoría Ciencia ficción, General, Historia de la astronomía, Instrumentación, Luna, Sinergias astronómicas, Viviendo el IYA-AIA

Descubren un planeta con “solo” 2 masas terrestres

Se ha anunciado en el congreso que tiene estos días de la Sociedad Europea de astronomía el descubrimiento del que es, hasta ahora, el planeta más ligero encontrado fuera de nuestro querido sistema solar.

Michael Mayor en el Congreso Estatal de Astronomía en Huesca

Michael Mayor en el Congreso Estatal de Astronomía

Michael Mayor, astrofísico de la Universidad de Ginebra (y que trabaja en exoplanetas, el satélite Corot, etc…) ha anunciado hoy el descubrimiento del planeta más ligero descubierto fuera de nuestra vecindad planetaria. Este planeta, perteneciente al sistema Gliese 581 es ya un viejo conocido de los astrofísicos. Este planeta de hecho es catalogado como “e”, es decir, el cuarto (a es la estrella), Gliese 581 e. Quédense con el nombre porque dará que hablar. Así mismo han refinado los cálculos de su compañero de sistema, Glisese 581d y… ¡oh! .. resulta que se encuentra dentro de la zona habitable (condiciones óptimas para la vida, agua líquida…) del sistema. Todo esto ha sido posible gracias al ESO (Observatorio Austral Europeo), tras 4 años de trabajo continuado en exoplanetas y gracias también al espectrógrafo HARPS que se encuentra instalado en el telescopio de 3.4 metros en La Silla. En palabras de Michael Mayor, cada día están más cerca del “santo grial”

The holy grail of current exoplanet research is the detection of a rocky, Earth-like planet in the ‘habitable zone’ — a region around the host star with the right conditions for water to be liquid on a planet’s surface

Gliese 581 es una estrella localizada en la constelación de Lira a unos 20.5 años luz y su planeta “e” da una vuelta en torno a la estrella en apenas 3.15 días. Desgraciadamente se encuentra demasiado cerca de la zona caliente como para albergar/suponer/condicionar un desarrollo de vida tal y como tenemos en la Tierra. El planeta que ha sido “movido” a la zona habitable es un planeta tipo Neptuno. Con todo esto Gliese 581 cuenta ya con su sistema planetario del que conocemos 4 miembros, Gliese 581 b tiene 16 masas terrestres, c 5 masas terrestres y de 7 masas terrestres. En cuanto a Gliese 581 d, el planeta puesto en zona habitable, se espera que esté cubierto por un océano (de agua o de algún otro elemento, como el metano en Titán).

Comparación de los sistemas del Sol y Gliese 581, la zona azul corresponde a la zona habitable.

Comparación de los sistemas del Sol y Gliese 581, la zona azul corresponde a la zona habitable. Copyright de la ESA.

It is amazing to see how far we have come since we discovered the first exoplanet around a normal star in 1995 — the one around 51 Pegasi,” says Mayor. “The mass of Gliese 581 e is 80 times less than that of 51 Pegasi b. This is tremendous progress in just 14 years.

Como dice Mayor, si en 14 años hemos reducido la masa detectable 1/80, ¿cuánto falta para poder anunciar el descubrimiento de un exoplaneta como la Tierra?. Sea cuando sea cambiará el rumbo de la historia.

Impresión artística de Gliese 581 e

Impresión artística de Gliese 581 e

Fuente: Nota de presna de la ESA y Cuaderno de bitácora estelar

Publicado bajo la categoría Exoplanetas, General, Historia de la astronomía, Planetaria
Etiquetas:

La luz de Leonardo

Hola a todos, para continuar fomentando tanto la observación de la Luna como el estudio de los primeros pasos que se daban en la astronomía, proponemos visitar asíduamente la página LPOD. El pasado 3 de abril, Patricio Domínguez logró su cuarta LPOD, en esta ocasión nos ilustra con una fotografía de la luz cenicienta en la Luna y los comentarios que su observación le mereció al gran Leonardo da Vinci. Nos cuenta:

El Códice de Leicester, escrito entre 1506 y 1510, por el gran pensador, artista y científico Leonardo da Vinci incluye una página titulada “De la Luna: ningun cuerpo sólido es más ligero que el aire” donde propone que la Luna tiene atmosfera y oceanos y que por tener esa gran superficie de agua, la Luna refleja muy bien la luz del Sol. Además, a la inversa, la Luna es iluminada por el reflejo del Sol en los oceanos de la Tierra.

La interpretación de Leonardo era parcialmente erronea. Ahora sabemos que la Luna es un mundo seco, sin agua y que el reflejo de la Luz del Sol en la Tierra, tal y como hemos visto en las diferentes misiones espaciales, se produce en las capas superiores de las blancas nubes, no en la superficie de los oceanos que desde el espacio aparecen oscuros. Sin embargo, de manera muy intuitiva, Leonardo comprendió el fenómeno.

La luz cenicienta de la Luna es la luz solar que nos llega despues de haya sido reflejada dos veces: una primera vez en la superficie iluminada de la Tierra (principalmente de sus nubes) y una segunda vez en la misma superficie de la Luna. Cada vez que la Luz es reflejada su intensidad se atenúa ya que parte de la luz es absorbida por las superficies que la reflejan. Esta imagen la he tomado a ultima hora del atardecer con una exposición de 2,5 segundos, también realicé otras tomas con diferentes exposiciones. Aquellas que tienen entre 1/60 y 1/150 de segundo muestran una exposición similar en la región iluminada por el sol. Consecuentemente, la luz cenicienta es unas 150-300 veces más ténue que la luz del creciente.

La foto la tomé desde casa
29 de marzo de 2009 19:11:43 UT
William Optics FLT 110 f/7; montura Celestron CGE y Canon Eos 20D.
ISO100 2,5s

Códice de Leicester

http://en.wikipedia.org/wiki/Codex_Leicester

Códice de Leicester, Exposición en el American Museum of Natural History, Nueva York:

http://www.amnh.org/exhibitions/codex/2A2r.html

Publicado bajo la categoría Fotografía Astronomica, Historia de la astronomía

El Guardián de las Cosechas

messierSi hay un astrónomo popular entre los aficionados a la observación del cielo nocturno, ese es Charles Messier (1730-1817). Francés de adopción, nació en un ducado por aquel entonces independiente en lo que hoy es la Lorena Francesa. Tuvo una formación enfocada a las finanzas y los negocios, algo similar a un contable, y por ese motivo tardó mucho en ser reconocido por los astrónomos de la Real Academia.

A la edad de 21 años consiguió una plaza como asistente en el nuevo Observatorio Naval de París, a donde se trasladó en 1751. El Observatorio Naval era mucho más modesto que el prestigioso Observatorio Real de París. Su formación fue dirigida allí por Deslile, y por el asistente de este, Libour. Su trabajo consistía en hacer copias a mano de mapas y reportes de observación.

Deslile tenía contacto con Newton y Halley. Siguiendo los cálculos de este último, se preparó para la reaparición predicha del cometa que más tarde llevaría su nombre en 1758. A partir de los cálculos de Deslile que predecían el paso por el perihelio en abril de 1759, Messier dibujó un mapa del paso del cometa sobre el fondo de estrellas y recibió órdenes de comenzar su búsqueda en verano de 1758. Fue su primer trabajo astronómico de importancia.

Messier consiguió recuperar el cometa el 21 de enero de 1759, pero no fue el primero en hacerlo. La órbita calculada por Deslile estaba bastante alejada de la real, y este, orgulloso, razonó que el cometa encontrado por Messier era “otra cosa”. Por ese motivo no pudo publicar sus observaciones hasta pasados tres meses, en los que ya era evidente el error de Deslile. Esta demora levantó sospechas entre los astrónomos del Observatorio Real, que nunca le reconocieron el descubrimiento independiente del cometa.

El descubrimiento de nuevos cometas fue la gran pasión de Messier. Fue el primer “cazador de cometas” de la historia, con un equipo modesto, pero con una gran pasión y meticulosidad en sus estudios. Introdujo el telescopio como instrumento de búsqueda de nuevos cometas; antes de él los cometas se descubrían a ojo desnudo. Observó un total de 44 cometas, descubriendo por si mismo 21 de ellos. Los seguía observando por largos periodos, anotando sus distintas posiciones, con lo que posteriormente se pudieron calcular sus órbitas.

Messier fue un observador ajeno a estudios teóricos. Su gran complemento fue su amigo Saron, que desarrolló los cálculos matemáticos que permitían a Messier recuperar un cometa tras una temporada sin observarlo.

El reconocimiento a su labor le llegó pronto desde fuera, siendo nombrado miembro de las academias de ciencias inglesa y alemana en 1764. Sin embargo, en Francia no fue tenido en tanta consideración. Quizás por el personal reconocimiento de su labor por el rey, fue admitido al fin en la Academia Francesa de Ciencias en 1770. En 1771 heredó el cargo de su maestro Delisle como Astrónomo de la Marina.

En 1771 también completó la primera versión de su Catálogo con 45 objetos nebulosos. Messier no le daba demasiada importancia a esta obra, considerándola un simple subproducto de sus verdaderas investigaciones. La segunda edición vio la luz en 1780, ampliada a 68 objetos. La tercera edición llegó un año después, ampliando la lista a 103 objetos, gracias al impulso de su nuevo amigo, Pierre Méchain (1744 – 1804). Esta fue la última edición del Catálogo, a pesar de que Méchain hizo muchos más descubrimientos con posterioridad.

uranoEn 1781 William Herschel descubrió Urano, y consultó a Messier sobre la posibilidad de que se tratase de un nuevo cometa. Las precisas observaciones de este y los cálculos obtenidos a partir de ellas por Saron lo confirmaron como un nuevo planeta.

En los años que siguieron a la Revolución Francesa su posición, como la de tantos otros, se vio comprometida. En 1793 todas las academias fueron disueltas. En 1794 su amigo Saron murió en la guillotina. En 1795 se fundó en París el Bureau des Longitudes, del que en un principio no formaba parte Messier, que entró al año siguiente sustituyendo a Cassini.

Fue condecorado con la Legión de Honor por Napoleón en 1808. Por esas fechas su vista ya había empeorado bastante, y ya no era capaz de leer o escribir. En 1812 sufrió una parálisis lateral. Murió con 87 años, el 11 de abril de 1817.

bode_tarandus_custosLa labor de gran descubridor de cometas de Messier le valió el reconocimiento en vida de su colega Jerôme de Lalande en 1775, al crear este en su honor la constelación de Custos Messium, el Guardián de las Cosechas, en reconocimiento a su constante patrullar por la bóveda celeste. Fue rápidamente recogida en las nuevas cartas celestes de impresión francesa, donde aparecía con su nombre en francés: le Messier. También Bode la incluyó en los atlas prusianos, junto con otras dos constelaciones invención de Lalande, y las suyas de cosecha propia. Todas estas constelaciones cayeron en desuso apenas 80 años después.

La constelación del Guardián de las Cosechas ocupaba un espacio situado en lo que ahora son zonas del norte de Cefeo, Casiopea, y la Jirafa. Sus estrellas eran muy débiles, siendo la más brillante de ellas 40 Cas, y no contenía ningún objeto de su Catálogo.

Es precisamente por ese Catálogo por el que hoy en día recordamos a Charles Messier, a pesar de que él mismo y sus contemporáneos siempre lo consideraron como una obra secundaria de su labor de descubrimiento y seguimiento de cometas.

El trabajo del catálogo fue desarrollado en distintas etapas y ampliaciones. Su última edición llegaba hasta los 103 objetos. El resto de objetos del Catálogo, hasta el 109, fueron siendo añadidos manuscritos por Messier sobre su propia copia impresa. Sin embargo, nunca hubo una nueva edición; muy pronto se vio ampliamente superado por el catálogo de 2000 objetos de William Herschel, que contaba con telescopios de calidad muy superior a la de los de Messier.

Quizás sea por la poca calidad de los telescopios de Messier, junto con que realizase todas sus observaciones desde el observatorio de París, lo que hiciese que las entradas de su catálogo gocen hoy en día de tanta popularidad. Son objetos brillantes, extensos y fáciles de localizar, y están todos al alcance de cualquier observador del Hemisferio Norte.

El Catálogo Messier fue publicado con algunas erratas o errores de cálculo. No fue hasta mediados del Siglo XX que fueron recuperados los objetos perdidos del mismo, en concreto M47, M48 y M91. Aún hoy en día se mantiene la polémica sobre si M102 es una entrada duplicada de M101, o se refiere a la galaxia NGC 5866 en el Dragón, anotada con un error de 5º exactos en su ascensión recta.

M110 fue añadido también en el siglo XX, pues aunque Messier la había observado y dibujado junto con M31 y M32 el 10 de agosto de 1773, por algún extraño motivo no la había incluido en su catálogo.

Observar los 110 (o 109) objetos del Catálogo puede ser una reconfortante labor de varios años de observación, aunque con mucha voluntad y algo de suerte, se puede intentar ver todos en una sola noche muy especial, la Maratón Messier.

En los años 70 del pasado siglo, algunos aficionados norteamericanos repararon en que no había ningún objeto del Catálogo Messier entre los 320º y los 30º de longitud sobre la Eclíptica, un hueco de 70º que permitiría, en una noche sin Luna de marzo lo más próxima posible al equinoccio o pocos días después, ver los 110 objetos del Catálogo en una sola sesión. Cualquier otra noche del año los observadores del Hemisferio Norte pueden llegar a ver hasta 95 de ellos.

Esto es válido dependiendo de la latitud del observador; para llegar a ver los 110 objetos, es preciso estar entre los +10º y +35º de latitud, ya que en esa zona la duración del crepúsculo es menor, y los objetos más críticos de la lista alcanzan mayor altura.

Para el resto de los observadores del norte, es imposible llegar a completarlo. Hasta los +50º de latitud, se trata de una carrera contra el amanecer en la que M30 sale cuando el cielo se ha llenado ya de claridad, y en la que hay que observar a M69, M70, M54, M72, M73, M2 y M75 nada más comiencen a asomar sobre el horizonte oeste. Por encima de esa latitud, la mañana va ganando tiempo a estos objetos y no son visibles.

Los observadores del Hemisferio Sur no tienen posibilidad de seguir este evento. A fin de cuentas, Messier hizo todas sus observaciones desde la ciudad de París, y el cielo del sur era un completo desconocido para él.

Si se consiguen observar todos, excepto el esquivo M30, sirva de coartada que se observó M102, que no está en el Catálogo Messier oficial, con lo que el numero total de objetos observados es el mismo.

Anímate e inténtalo, no hay una oportunidad mejor hasta el 2014. Y si el reto te parece pequeño, puedes intentar hacer el M³, que consiste en hacer la Maratón Messier, pero sin lista previa de objetos ni cartas de localización.

Publicado bajo la categoría Cielo Profundo, Cuerpos Menores, Experiencias de Observación, Historia de la astronomía
Etiquetas:

El Leviatán de Parsonstown

A mediados del siglo XIX dos países se disputaban la supremacía en la fabricación de telescopios: los alemanes habían conseguido grandes logros con los refractores, los británicos por su parte apostaban por el reflector. William Herschel, un inglés nacido en Alemania, construyó un enorme reflector de 49,5 pulgadas (125 cm) sin rival en su época.

Pero fue un aficionado irlandés, William Parsons, quien llevando la aperturitis hasta extremos insospechados, construyó el mayor telescopio del mundo: el Leviatán de Parsonstown.

La localidad de Birr en County Offaly está situada casi en el centro geográfico de Irlanda. En la actualidad cuenta con 3.600 habitantes y en sus calles se pueden ver preciosas casas de estilo georgiano. Aquí reside desde 1620 la familia Parsons, condes de Rosse, motivo por el que la ciudad fue conocida durante mucho tiempo como Parsonstown.

El castillo de Birr no se puede visitar, sigue siendo una residencia privada. Hoy por hoy es propiedad de William Clere Leonard Brendan Parsons, séptimo conde de Rosse, nacido en 1936. El actual conde ha creado un pequeño museo en el castillo y ha restaurado el telescopio de su tatarabuelo. La visita permite acceder a los jardines de la finca, al telescopio y al museo, que exhibe una interesante colección de instrumental científico.

Lord Rosse

200px-william_parsons_earl_of_rosseEn 1800 nació William Parsons, quien se convertiría en tercer conde de Rosse en 1841 tras la muerte de su padre. Al igual que sus hermanos, William estudió sus primeros años en el castillo de Birr dedicando especial interés a la ciencia y la ingeniería. A la edad de 18 años fue enviado al Trinity College de Dublín y posteriormente a Oxford, en Inglaterra, donde en 1822 se graduó con honores en Matemáticas.

De 1823 a 1834 estuvo dedicado a la política, ostentando un cargo en la Cámara de los Lores. En esta época ya empezó a manifestar su interés por la astronomía, en 1824 ingresa en la Royal Astronomical Society y dos años después ya había adquirido los suficientes conocimientos de óptica como para comenzar sus experimentos de fabricación de espejos. En 1836 se casó con Mary Field, una rica heredera de Yorkshire, que con el tiempo llegaría a ser una gran fotógrafa y cuyos fondos ayudaron a financiar la fabricación de los telescopios de Lord Rosse.

La construcción del Leviatán

A mediados del siglo XIX muchos astrónomos pensaban que los descubrimientos de Fraunhofer habían demostrado que el refractor era insuperable y que no tenía sentido esforzarse por perfeccionar el reflector. A pesar de ello, Parsons soñaba con fabricar un reflector mayor que todos los existentes. Desgraciadamente Herschel no había publicado nunca sus métodos de fabricación y Parsons tuvo que empezar de cero.

Encontrar obreros especializados en la zona no era tarea fácil, así que con la ayuda de un competente herrero llamado Coghlan, formó a un equipo que en poco tiempo manejaba a la perfección los tornos, crisoles y pulidoras. Durante diecisiete años de experimentación construyó un espejo de 38 centímetros, luego otro de 61 y, finalmente en 1840, uno de 91 centímetros que era casi tan grande como el mayor de los construidos por Herschel. En esa época no se utilizaban espejos de cristal sino de espéculo, una aleación blanca muy resistente formada por cuatro partes de cobre y una de estaño.

El primer problema era el de fundir el espejo de metal sin que se rompiese. Dedicó cinco años a buscar una adecuada aleación de cobre y estaño y, después, considerando quebradiza la aleación, decidió fundir los espejos por piezas separadas para luego unirlas por soldadura y remachado. A continuación cubría el espejo con estaño calentado hasta fundirlo y luego lo dejaba enfriar muy lentamente.

Para darles forma diseñó y fabricó una esmeriladora-pulidora mecánica accionada por un motor de vapor. En el museo del castillo se pueden ver algunas piezas de esta máquina y un modelo a escala.

birr2

El reverendo Thomas Romney Robinson, director del observatorio de Armagh, se trasladó a Birr para probar los espejos. El clima, como suele suceder cuando se estrena telescopio, no ayudó y durante varias noches esperaron a que el viento amainara y las nubes desaparecieran. Utilizando oculares de gran aumento se dieron cuenta de que el espejo segmentado causaba problemas, este hecho llevó a Parsons a decantarse por los espejos de una sola pieza.

Los primeros telescopios de Lord Rosse iban montados sobre un armazón de madera con poleas, cadenas y contrapesos siguiendo el diseño Sir William Herschel. El armazón con ruedas se sustentaba sobre una pista circular, lo que permitía al instrumento girar 360º y así poder apuntar a casi cualquier parte del cielo.

A pesar de las alabanzas de Robinson, Lord Rosse consideraba estos instrumentos como el paso previo necesario para emprender la fabricación del instrumento de sus sueños, el Leviatán tendría el doble de diámetro que su mayor telescopio.

El 12 de abril de 1842 se pusieron en marcha los crisoles, cada uno de siete metros de ancho. Los crisoles se alimentaban con turba, un combustible fácil de conseguir en los alrededores y del que se consumieron más de 50 metros cúbicos. Los lingotes de metal tardaron diez horas en derretirse. A la una de la madrugada se puso en marcha el proceso de moldeado: los tres crisoles vertieron en el molde el metal fundido. Lo dejó enfriar lentamente durante 16 semanas, lo pulió…y se le rompió justo cuando iba a colocarlo en el telescopio. Tuvo que volver a fundir el metal y en este segundo intento consiguió un espejo de forma y brillo perfectos. Dado que los espejos de metal se oxidaban muy rápidamente, especialmente en el húmedo clima irlandés, Parsons necesitaba un segundo espejo de repuesto, tras otros dos intentos fallidos logró un quinto espejo satisfactorio que utilizaría como repuesto.

El espejo, 182 cm de diámetro y cuatro toneladas, se montó sobre un tubo de madera de diecisiete metros de largo, los listones de madera estaban unidos por anillos de hierro de modo similar al de un barril. El telescopio iba colocado entre dos muros de mampostería de diecisiete metros de altura separados entre sí siete metros. Se movía mediante un ingenioso sistema de palancas y pesas ideado por Thomas Grubb en Dublín. Para subir y bajar el tubo era necesaria la colaboración de dos operarios que colocaban el telescopio a la altura deseada a lo largo del meridiano con ayuda de un cabestrante. Otro ayudante lo hacía girar a los lados, lo que permitía un pequeño ajuste en azimut entre los dos muros. Un cuarto ayudante era el encargado de elevar la plataforma de observación. El tubo que tenía un margen de movimiento de unos 15º entre los muros de piedra no podía seguir un objeto durante más de una hora. Los observadores tenían que esperar a que el objeto pasara por el meridiano local para poder observarlo.

Además tenían que esperar a que el cielo se despejara. Posiblemente Birr sea uno de los peores lugares posibles para instalar el mayor telescopio del mundo, sólo de vez en cuando el cielo se despejaba y había una calma atmosférica que permitía buenas vistas. En las crónicas se cuenta que el telescopio sólo se podía utilizar unas sesenta noches al año. El tubo no tenía buscador, para localizar los objetos Lord Rosse utilizaba un ocular de poca potencia que cubría un campo de más de medio grado. Además podía utilizar los oculares por pares, el soporte del ocular disponía de un marco deslizante en el que se podían insertar dos oculares, pudiendo intercambiar los aumentos simplemente con mover el marco.

Una de las raras noches en que el cielo estaba en calma, en abril de 1845, William Parsons observó M51. En el Leviatán aparecía como una majestuosa espiral bellamente tachonada de estrellas, lo que le valdría el nombre de galaxia del Remolino. Este descubrimiento lo animó a seguir buscando otras espirales en el cielo pero ese mismo año se produjo la gran hambruna irlandesa, una crisis provocada entre por la escasez de patata y que costó la vida a cientos de miles de personas y obligó a otros miles a emigrar a los Estados Unidos. Como terrateniente, Lord Rosse tuvo que hacer frente a esta desgracia y no pudo retomar las observaciones hasta 1848.

birr1

En 1848, Lord Rosse estudió una mancha nebulosa que había sido observada por primera vez en 1731 por el astrónomo inglés John Bevis y que Messier había catalogado con el número uno de su lista de objetos. Lord Rosse descubrió que M1 era una mancha nebulosa irregular con filamentos brillantes que le recordó a las patas de un cangrejo, la llamó Nebulosa del Cangrejo, nombre que seguimos utilizando en la actualidad.

En 1850 ya había identificado catorce nebulosas, entre otras, M77, M95 en Leo y M33 la espiral del Triángulo. Robinson y la mayoría de los astrónomos de la época pensaban que no se trataba de galaxias independientes, sino que formaban parte de la Vía Láctea. Lord Rosse supuso que las espirales eran universos-isla, una idea ya conjeturada por Immanuel Kant, e intuyó erróneamente que todas las nebulosas, incluidas la de Orión y la del Anillo en la constelación de Lira, se podrían descomponer en estrellas independientes con un telescopio mayor.

Lord Parsons descubrió entre los años 1848 y 1865 con los telescopios de 72 y 36 pulgadas 226 objetos del catálogo NGC (trabajo publicado por su hijo Laurence en Observations of Nebulae and Clusters of Stars Made With the Six-foot and Three-foot Reflectors at Birr Castle From the Year 1848 up to the Year 1878, Scientific Transactions of the Royal Dublin Society Vol. II, 1878). Johan Ludvig Emil Dreyer, quien sería el compilador del catálogo NGC, descubrió otros 18 objetos gracias al mayor de estos instrumentos; Robert Stawell Ball, otro de sus ayudantes, descubrió también 11 objetos NGC trabajando en compañía de Rosse con dicho telescopio.

A pesar de estar más dedicado a la observación de nebulosas, también dirigieron el telescopio a los planetas y a la Luna. Una de las ideas consistía en comparar las formaciones lunares con las terrestres, dedicando sus esfuerzos a la búsqueda de volcanes lunares. En el museo se conservan unos preciosos dibujos de las observaciones de cráteres lunares. En 1852 varios miembros de la sección lunar de la British Association plantearon la posibilidad de utilizar el Leviatán para crear un nuevo mapa de la Luna bajo distintas condiciones de iluminación.

birr3

Uno de sus últimos usos astronómicos fue confirmar, en agosto de 1877, la existencia de los diminutos satélites de Marte descubiertos desde Estados Unidos por el astrónomo Asaph Hall.

El telescopio Leviatán aparece mencionado en la novela de Julio Verne titulada De la Tierra a la Luna, en donde se le cita como el mayor del mundo en su época (1865).

El cuarto conde de Rosse

De los cuatro hijos de William Parsons, dos heredaron la pasión por la astronomía de su padre. Charles se convirtió en un ingeniero famoso gracias a la invención de la turbina de vapor y sus trabajos tuvieron una gran influencia en ingeniería naval y eléctrica. Fue el fundador de la empresa Grubb-Parsons de Newcastle-on-Tyne tras comprar el taller óptico de Grubb, continuando así la tradición empezada por su padre. La firma siguió trabajando hasta mediados de los años ochenta del siglo XX, habiendo construido algunos de los mayores telescopios del mundo, incluido el telescopio Isaac Newton de 98″ actualmente en las Islas Canarias.

Sin embargo fue Laurence, cuarto conde de Rosse, quien más se dedicó a la astronomía. Durante toda su vida aplicó un buen número de mejoras al Leviatán. Su mayor descubrimiento fue la determinación entre 1869 y 1872 del calor superficial de la Luna, para el que consiguió un valor muy cercano al admitido actualmente. Dado que la Luna no tiene atmósfera su superficie se calienta mucho cuando está iluminada por el Sol y se enfría en la oscuridad, Laurence Parsons determinó que la temperatura de la Luna era de 119ºC, el valor actual es de 69ºC, lo que contradecía la opinión general de que la temperatura tenía que estar por debajo de cero. Para realizar esta medición fabricó un telescopio portátil con un espejo parabólico de cristal plateado y una focal muy corta en cuyo foco colocó un termopar. Parte de la radiación recibida de la Luna es radiación solar reflejada, formada principalmente por longitudes de onda correspondientes al espectro visible inferiores a 0,7 micras, el resto es radiación directa de la superficie lunar caliente que, como radiación de baja temperatura, está formada por longitudes de onda superiores a una micra. Laurence Parsons encontró que el 14% de la radiación lunar era radiación solar reflejada y que el 86% era radiación lunar propiamente dicha, derivada del calor de nuestro satélite.

Sus resultados fueron confirmados por mediciones muy precisas realizadas en 1874 por Very en el observatorio de Allegheny en Pittsburgh, EE.UU., sin embargo algunos astrónomos de la época no supieron apreciar el valor del descubrimiento refiriéndose a Laurence Parsons con desprecio como “un loco irlandés de los pantanos”.

El telescopio portátil con el que se hicieron las mediciones del calor de la Luna se puede ver en el museo, así como una copia del artículo de la revista de la Royal Dublin Society en el que se detallan los resultados obtenidos.

birr4

Con el telescopio de 36 pulgadas estudió los espectros de once nebulosas y las observaciones demostraron que sólo cuatro de ellas eran gaseosas, el resto mostraban los espectros continuos característicos de objetos estelares. No obstante la instalación del espectrómetro no era la ideal y contribuyó a dificultar las observaciones.

El Leviatán en la actualidad

En 1968 el telescopio se encontraba en muy mal estado, llevaba noventa años sin utilizarse. Ese año se realizó una exposición en Birr para conmemorar el centenario de la muerte de William Parsons a la que acudió el conocido astrónomo británico Patrick Moore para dar una conferencia sobre las observaciones realizadas con el Leviatán. Moore había hablado el año anterior sobre la astronomía en el castillo de Birr en su programa Sky at Night de la BBC despertando el interés de muchas personas y organismos influyentes por restaurar el telescopio. La conferencia se convirtió en un pequeño librito, The Astronomy of Birr Castle, publicado en 1971 por Michael Beazley.

En los años ochenta se restauraron una buena parte de los fondos documentales que se encontraban en muy mal estado en un ala abandonada del castillo. Muchos de los viejos documentos y fotografías fueron esenciales para poder llevar a cabo los trabajos de restauración. En febrero de 1996 comenzaron las obras de reconstrucción del telescopio tarea financiada en un 75% con fondos de la Unión Europea. El trabajo fue encargado a Michael Tubridy, un ingeniero irlandés más conocido por formar parte del grupo de música The Chieftains. Reunir todas las piezas del puzzle resultó una labor propia de detectives hasta conseguir localizar la ubicación de las distintas partes del mecanismo, enterradas por el paso del tiempo.

birr5

La reconstrucción del tubo llevó seis meses. Sólo se pudo aprovechar el 10% de las tablas de madera originales y la mitad de las bandas metálicas. Además de la reconstrucción del tubo, el equipo de restauradores se tuvo que enfrentar a otros retos. Uno de los más desafiantes fue la recuperación de la junta universal, un mecanismo que soportaba todo el peso del telescopio en sus distintas posiciones. Tras su limpieza y puesta a punto se comprobó que había resistido bien el paso del tiempo y que no era necesario reconstruirla, lo que supuso un gran alivio para el equipo. Otra de las piezas esenciales era el cabestrante utilizado para subir y bajar el telescopio. En los muelles de Dublín encontraron uno similar al de Birr que fue donado para el proyecto de restauración y que tras una ligera modificación se adaptó perfectamente a su nueva función.

El 23 de febrero de 1997, la presidenta de Irlanda Mary Robinson inauguró oficialmente el nuevo Leviatán de Birr.

El Leviatán fue el mayor telescopio del mundo desde su construcción en 1842 hasta la entrada en funcionamiento en 1917 del gran telescopio Hooker de 100 pulgadas de Monte Wilson. Técnicamente era un buen instrumento que resultó prácticamente inútil debido a las malas condiciones climatológicas de Irlanda, a la dificultad de su manejo y a las limitaciones de apuntado que tenía. El telescopio de Lord Rosse permitió observar estrellas de magnitud 18 y aunque algunos científicos se mostraron escépticos, como el óptico francés Leon Foucault que declaró que el Leviatán era una broma, muchos astrónomos declararon no haber visto en su vida mejores vistas a través de un telescopio.

birr6

El sueño de Rosse dio tres frutos importantes: en primer lugar demostró que la fabricación de grandes telescopios era una cuestión práctica. A diferencia de sus predecesores, en cuanto un ensayo le permitía extraer algunos datos, ya fuera éxito o fracaso, enseguida publicaba la información para quien pudiera aprovecharla. En segundo lugar demostró que además de la abertura del telescopio había que tener en cuenta la ubicación del mismo. El castillo de Birr está cerca de un pantano, este hecho no ayudaba a mejorar las condiciones de observación del Leviatán. De nada servía tener el mayor telescopio del mundo en un lugar donde casi siempre está nublado. A partir de entonces los astrónomos comienzan a plantearse seriamente la ubicación de los observatorios. En tercer lugar quedó patente que es fundamental disponer de un buen sistema de guiado y apuntado. Para que un telescopio sea práctico debe poder apuntar a cualquier parte del cielo que nos interese.

Bibliografía:

  • The History of the Telescope, Henry C. King, Dover, 2003
  • A History of Astronomy, A. Pannekoek, Dover, 1989
  • Reconstruction of the Rosse Six Foot Telescope, Michael Tubridy, Birr 1998
  • Epic Moon, William P. Sheehan, Thomas A. Dobbins, Willmann-Bell, Inc., 2001
  • An Acre of Glass, J.B. Zirker, The John Hopkins University Press, 2006
  • Seeing and Believing, Richard Panek, Fourth State, 2000
  • Historia del telescopio, Isaac Asimov, Alianza Editorial, 1986
  • Historia de los espejos, Mark Pendergast, Vergara, 2003
  • Birr Castle Demesne http://www.birrcastle.com
  • Cuaderno de viaje: http://viajero.blogalia.com
  • El Beso en la Luna: http://mizar.blogalia.com
  • Wikipedia http://en.wikipedia.org

Artículo publicado originalmente por Paco Bellido en la revista AstronomíA

Publicado bajo la categoría Enclaves astronomicos, Historia de la astronomía, Instrumentación, Turismo Astronómico

Las orejas de Saturno

Los anillos de Saturno se observaron por primera vez en julio de 1610, hace algo menos de 400 años. El mérito fue para el italiano Galileo Galilei. Y tiene mérito en parte porque las imágenes que daba el recién inventado telescopio eran de baja calidad; y en parte también porque hacía tan sólo unos meses que Galileo había descubierto los cuatro satélites mayores de Júpiter, es decir, los tenía muy recientes.

La mutulización de Urano por Saturno. FOTO: Pintura de Giorgio Vasari y Gherardi Christofano del siglo XVI expuesta en el Palazzo Vecchio, Florencia (Italia).

"La mutulización de Urano por Saturno". FOTO: Pintura de Giorgio Vasari y Gherardi Christofano del siglo XVI expuesta en el Palazzo Vecchio, Florencia (Italia).

Galileo pensó inicialmente que las estructuras borrosas que veía eran dos satélites muy próximos a Saturno. Incluso se llegó a decir que Galileo había visto ‘dos orejas’ a Saturno. Pero cambió de opinión. Con el tesón que le era característico, Galileo observó durante un tiempo aquellas ‘orejas’ que asomaban a cada lado del planeta. En unas semanas se dio cuenta de que éstos no cambiaban de posición respecto a Saturno de una noche a la siguiente y, además, fueron desapareciendo hasta el año 1612. Entonces sucedió algo que se repetirá en 2009: los anillos quedarán orientados de tal manera que desde nuestra posición, desde la Tierra, quedan planos y, como en 1612, dejarán de verse.

A medida que Saturno gira alrededor del Sol, periódicamente sus anillos se sitúan inclinados hacia la Tierra (esto ocurre de hecho cada 14 ó 15 años) y, por lo tanto, puede parecer que han desaparecido. Debido a que los anillos son muy finos cuando se observan con pequeños telescopios -como los que usaba Galileo y sus contemporáneos- Saturno podía pensarse que pierde sus anillos.

Según se ha ido observando, esta no coincidencia de los planos entre nuestro punto de vista y la inclinación de los anillos permite a los astrónomos ver por completo el disco planetario. Es, además, una buena oportunidad para estudiar el perfil de los anillos, buscar nuevos satélites del planeta y observar los anillos menos densos que, al ponerse de canto son más visibles. También es un buen momento para contemplar el misterioso polo norte azulado del planeta. Y es que, hace pocos años, en 2005, la sonda espacial Cassini sobrevoló el hemisferio norte y descubrió que los cielos allí son de color azul celeste y sus nubes amarillentas, pero por alguna razón en latitudes más septentrionales en el norte las nubes se aclaran, dejando un cielo de color azulado similar al nuestro.

Galileo Galilei no tuvo en cuenta esta circunstancia y dejó por unos meses de observar el planeta. Tampoco contaba con el instrumental adecuado.

Una imagen de Saturno tomada por el autor del artículo en marzo de 2007.

Una imagen de Saturno tomada por el autor del artículo en marzo de 2007.

Mientras, los astrónomos de la época hacían toda serie de conjeturas acerca del origen de estas ‘orejas’. Alguna de estas explicaciones incluían la posibilidad de que Saturno tuviera como dos asas o que fueran satélites muy concentrados sólo en sendas zonas ‘traseras’ del planeta, por lo que ni siquiera proyectaban sombra alguna.

Siglos más tarde, en 1655, el astrónomo Christiaan Huygens afirmó que tales apéndices no eran sino anillos de materia dispuestos en el plano ecuatorial, es decir, orbitando el planeta. Huygens explicaba que según cuáles fueran las posiciones de Saturno y de la Tierra en sus órbitas alrededor del Sol, la inclinación del disco respecto a la Tierra variaba.

Dibujo de Saturno realizado por Galileo Galilei en 1610. Crédito: Rutherford Appleton Laboratory .Dibujo realizado por Galileo en 1612. Crédito:

Dibujos de Saturno realizados por Galileo Galilei en 1610 (arriba) y 1616 (centro) y dibujo realizado por Huygens en 1655 (abajo). Crédito: Rutherford Appleton Laboratory .

Más tarde, un par de siglos después de aquella aclaración de Huygens, Giovanni Cassini planteó la posibilidad de que estos anillos no fueran como ‘placas’ de materia orbitando. Cassini observó zonas de distinto color y, por tanto, de distinta densidad y composición de materiales en el supuesto gran anillo de Saturno. De este modo, en 1675, Giovanni Cassini dividió el anillo de Saturno en dos, estableciéndose el nombre de división de Cassini a esta zona oscura que se observa en los anillos en su honor.

Poco antes de dar comienzo el siglo XIX, el matemático Pierre-Simon Laplace añadió al estudio de Saturno la hipótesis de que los anillos estaban formados por muchos anillos delgados separados entre sí por la fuerza centrífuga generada por la rotación del planeta.

En 1857, James Clerk Maxwell demostró de forma matemática que los anillos delgados estaban formados en realidad por numerosas masas pequeñas que mantenían órbitas independientes.

En 1895 los investigadores James Keeler y William Campbell dedujeron la velocidad de las partículas en los anillos a partir de su desplazamiento Doppler, es decir, midiendo los cambios en la longitud de onda de las líneas espectrales de la luz del Sol que las partículas de los anillos reflejan hacia nosotros. Se comprobó experimentalmente que los anillos orbitan a una velocidad distinta a la de la atmósfera planetaria. Y, también, se comprobó que los anillos interiores giran a una mayor velocidad que los anillos exteriores.

Así pues, este año 2009 y, sobre todo a partir de estas fechas en las que Saturno comienza a verse bien a horas tempranas de la noche, en la Constelación de Leo, es un buen momento para recordar aquella experiencia que intrigó a Galileo y, de paso, observar con todo su esplendor el disco planetario de Saturno. Saturno perderá sus anillos el próximo día 4 de septiembre cuando se encuentren perpendiculares a nuestro punto de vista.

Saturno y la posición de sus anillos en 2007 y 2008. FOTO: www.saturndaily.com

Saturno y la posición de sus anillos en 2007 y 2008. FOTO: www.saturndaily.com

En wikipedia, enciclopedia libre, se puede leer lo siguiente acerca de la observación de Saturno: El planeta se observa a simple vista en el cielo nocturno como un punto luminoso (que no parpadea) brillante y amarillento cuyo brillo varía normalmente entre la magnitud +1 y la 0, toma aproximadamente 29 años y medio en realizar una traslación completa en su órbita con respecto a las estrellas de fondo pertenecientes al zodiaco. Con apoyo óptico, como con grandes binoculares o un telescopio, se necesita una magnificación de al menos 20x para que la mayoría de las personas puedan distinguir claramente los anillos de Saturno.

Manuel Rodríguez de Viguri. Astroingeo-Ciudad de las Estrellas
Viguri(@)ya.com; info(@)ciudaddelasestrellas.org

Publicado bajo la categoría Educación Primaria, Educación Secundaria, Experiencias de Observación, General, Geología Planetaria, Historia de la astronomía

Rupes Recta, ¿un acantilado en la Luna?

Para muchos aficionados a la Astronomía la Luna es una molestia. La luz de nuestro satélite afecta a las observaciones de cielo profundo, llegando a hacerlas imposibles si la fase lunar es avanzada. En mi opinión, si no puedes con tu enemigo, ¡únete a él!.

No hay ningún otro cuerpo astronómico que se pueda observar con tanto detalle como la Luna. A pesar de llevar más de veinte años dedicado a la observación lunar, todavía siguen dejándome sin aliento los parajes desolados que aparecen al telescopio. Basta observar un amanecer junto a los montes Appeninus o el desplazamiento de las sombras de los picos sobre el cráter Plato para darse cuenta del magnífico espectáculo que noche tras noche nos ofrece la Luna.

Entre mis objetos favoritos se encuentra la formación que da título a la entrada de hoy. Ocho días después de la Luna nueva es posible observar con el telescopio una de las formaciones más espectaculares que nos ofrece nuestro satélite. Tiene el aspecto de una línea oscura, los americanos la llaman Straight Wall (Muro Recto) por su aspecto rectilíneo (hay que decir que en el siglo XIX era conocida incluso como la Vía del Tren, este nombre se lo debemos a un alarde de imaginación del astrónomo aficionado Thomas G. Elger, quien trabajaba como ingeniero de ferrocarriles) y la denominación de Muro obedece a que, dependiendo de la iluminación solar, aparece claramente su verdadera naturaleza: una gran pared de acantilado que se levanta sobre la superficie del Mare Nubium (Mar de las Nubes). Al menos estuvo claro hasta que a alguien se le ocurrió pensar que si este acantilado fuese un corte vertical en el terreno cuando los rayos solares incidieran perpendicularmente desaparecería por completo. La realidad es que se trata de un terreno en pendiente, la altura ronda los 250-300 m y la anchura es de unos 2,5 Km, lo cual ofrece una imagen bastante distinta del acantilado a 90º que imaginaron los primeros observadores.

Una imagen artística de Rupes Recta, la idealización resulta muy exagerada

Una imagen artística de Rupes Recta, la idealización resulta muy exagerada

Las teorías más acreditadas actualmente apuntan a que la pendiente es de unos 7º, aunque hay quien afirma que la pendiente es sensiblemente mayor, de alrededor de 40º. La longitud de esta formación es de 110 Km.

Desde la primera vez que vi esta formación en el telescopio, la imagen que tengo de ella es la de una espada. Y nunca deja de impresionarme. Es curioso que el descubridor de Rupes Recta, el astrónomo holandés Christiaan Huyghens también la asimiló a una espada, pero no resulta extraño: el parecido es evidente. La empuñadura de la espada esta formada por una cadena montañosa que los americanos llaman Stag’s Horn Mountains (Montañas del Cuerno del Ciervo), no se trata de ninguna denominación oficial, pero el término está bastante extendido. Un siglo después de su descubrimiento, Schroeter redescubrió esta formación y a pesar de ser un dibujante torpe, representó muchas formaciones lunares de forma estilizada y sin errores.

La carta 54 del Atlas Lunar de Antonín Rükl representa las inmediaciones de Rupes Recta, este Atlas Lunar es la obra de referencia obligada para los aficionados a la Luna.

Carta de localización del Atlas Lunar de Antonín Rükl

Carta de localización del Atlas Lunar de Antonín Rükl

La siguiente imagen está hecha con un telescopio de 180 mm, a la izquierda de Rupes Recta es visible una grieta mucho más pequeña conocida como Rima Birt. Para verla visualmente es necesario contar con un buen seeing, aunque no es difícil observarla mediante el método webcam. La rima Birt corre de forma paralela aproximadamente al muro recto y acaba en un foso. Esta formación es un reto tanto para aficionados (por su dificultad para observarla) como para los científicos, ya que no hay una teoría que explique razonablemente por qué se encuentra ahí. El cráter con forma de cuenco que hay junto a la grieta se denomina Birt, en honor al astrónomo y selenógrafo inglés William R. Birt, tiene un diámetro de 17 Km, frente a los 50 Km de longitud que presenta Rima Birt.

Rupes Recta

Tras la fase de Luna Llena, Rupes Recta se puede observar como una línea de color blanco

Publicado bajo la categoría Experiencias de Observación, Fotografía Astronomica, Historia de la astronomía, Luna
Etiquetas:
Arriba | Entradas (RSS) | Comentarios (RSS)