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Las orejas de Saturno

Los anillos de Saturno se observaron por primera vez en julio de 1610, hace algo menos de 400 años. El mérito fue para el italiano Galileo Galilei. Y tiene mérito en parte porque las imágenes que daba el recién inventado telescopio eran de baja calidad; y en parte también porque hacía tan sólo unos meses que Galileo había descubierto los cuatro satélites mayores de Júpiter, es decir, los tenía muy recientes.

La mutulización de Urano por Saturno. FOTO: Pintura de Giorgio Vasari y Gherardi Christofano del siglo XVI expuesta en el Palazzo Vecchio, Florencia (Italia).

"La mutulización de Urano por Saturno". FOTO: Pintura de Giorgio Vasari y Gherardi Christofano del siglo XVI expuesta en el Palazzo Vecchio, Florencia (Italia).

Galileo pensó inicialmente que las estructuras borrosas que veía eran dos satélites muy próximos a Saturno. Incluso se llegó a decir que Galileo había visto ‘dos orejas’ a Saturno. Pero cambió de opinión. Con el tesón que le era característico, Galileo observó durante un tiempo aquellas ‘orejas’ que asomaban a cada lado del planeta. En unas semanas se dio cuenta de que éstos no cambiaban de posición respecto a Saturno de una noche a la siguiente y, además, fueron desapareciendo hasta el año 1612. Entonces sucedió algo que se repetirá en 2009: los anillos quedarán orientados de tal manera que desde nuestra posición, desde la Tierra, quedan planos y, como en 1612, dejarán de verse.

A medida que Saturno gira alrededor del Sol, periódicamente sus anillos se sitúan inclinados hacia la Tierra (esto ocurre de hecho cada 14 ó 15 años) y, por lo tanto, puede parecer que han desaparecido. Debido a que los anillos son muy finos cuando se observan con pequeños telescopios -como los que usaba Galileo y sus contemporáneos- Saturno podía pensarse que pierde sus anillos.

Según se ha ido observando, esta no coincidencia de los planos entre nuestro punto de vista y la inclinación de los anillos permite a los astrónomos ver por completo el disco planetario. Es, además, una buena oportunidad para estudiar el perfil de los anillos, buscar nuevos satélites del planeta y observar los anillos menos densos que, al ponerse de canto son más visibles. También es un buen momento para contemplar el misterioso polo norte azulado del planeta. Y es que, hace pocos años, en 2005, la sonda espacial Cassini sobrevoló el hemisferio norte y descubrió que los cielos allí son de color azul celeste y sus nubes amarillentas, pero por alguna razón en latitudes más septentrionales en el norte las nubes se aclaran, dejando un cielo de color azulado similar al nuestro.

Galileo Galilei no tuvo en cuenta esta circunstancia y dejó por unos meses de observar el planeta. Tampoco contaba con el instrumental adecuado.

Una imagen de Saturno tomada por el autor del artículo en marzo de 2007.

Una imagen de Saturno tomada por el autor del artículo en marzo de 2007.

Mientras, los astrónomos de la época hacían toda serie de conjeturas acerca del origen de estas ‘orejas’. Alguna de estas explicaciones incluían la posibilidad de que Saturno tuviera como dos asas o que fueran satélites muy concentrados sólo en sendas zonas ‘traseras’ del planeta, por lo que ni siquiera proyectaban sombra alguna.

Siglos más tarde, en 1655, el astrónomo Christiaan Huygens afirmó que tales apéndices no eran sino anillos de materia dispuestos en el plano ecuatorial, es decir, orbitando el planeta. Huygens explicaba que según cuáles fueran las posiciones de Saturno y de la Tierra en sus órbitas alrededor del Sol, la inclinación del disco respecto a la Tierra variaba.

Dibujo de Saturno realizado por Galileo Galilei en 1610. Crédito: Rutherford Appleton Laboratory .Dibujo realizado por Galileo en 1612. Crédito:

Dibujos de Saturno realizados por Galileo Galilei en 1610 (arriba) y 1616 (centro) y dibujo realizado por Huygens en 1655 (abajo). Crédito: Rutherford Appleton Laboratory .

Más tarde, un par de siglos después de aquella aclaración de Huygens, Giovanni Cassini planteó la posibilidad de que estos anillos no fueran como ‘placas’ de materia orbitando. Cassini observó zonas de distinto color y, por tanto, de distinta densidad y composición de materiales en el supuesto gran anillo de Saturno. De este modo, en 1675, Giovanni Cassini dividió el anillo de Saturno en dos, estableciéndose el nombre de división de Cassini a esta zona oscura que se observa en los anillos en su honor.

Poco antes de dar comienzo el siglo XIX, el matemático Pierre-Simon Laplace añadió al estudio de Saturno la hipótesis de que los anillos estaban formados por muchos anillos delgados separados entre sí por la fuerza centrífuga generada por la rotación del planeta.

En 1857, James Clerk Maxwell demostró de forma matemática que los anillos delgados estaban formados en realidad por numerosas masas pequeñas que mantenían órbitas independientes.

En 1895 los investigadores James Keeler y William Campbell dedujeron la velocidad de las partículas en los anillos a partir de su desplazamiento Doppler, es decir, midiendo los cambios en la longitud de onda de las líneas espectrales de la luz del Sol que las partículas de los anillos reflejan hacia nosotros. Se comprobó experimentalmente que los anillos orbitan a una velocidad distinta a la de la atmósfera planetaria. Y, también, se comprobó que los anillos interiores giran a una mayor velocidad que los anillos exteriores.

Así pues, este año 2009 y, sobre todo a partir de estas fechas en las que Saturno comienza a verse bien a horas tempranas de la noche, en la Constelación de Leo, es un buen momento para recordar aquella experiencia que intrigó a Galileo y, de paso, observar con todo su esplendor el disco planetario de Saturno. Saturno perderá sus anillos el próximo día 4 de septiembre cuando se encuentren perpendiculares a nuestro punto de vista.

Saturno y la posición de sus anillos en 2007 y 2008. FOTO: www.saturndaily.com

Saturno y la posición de sus anillos en 2007 y 2008. FOTO: www.saturndaily.com

En wikipedia, enciclopedia libre, se puede leer lo siguiente acerca de la observación de Saturno: El planeta se observa a simple vista en el cielo nocturno como un punto luminoso (que no parpadea) brillante y amarillento cuyo brillo varía normalmente entre la magnitud +1 y la 0, toma aproximadamente 29 años y medio en realizar una traslación completa en su órbita con respecto a las estrellas de fondo pertenecientes al zodiaco. Con apoyo óptico, como con grandes binoculares o un telescopio, se necesita una magnificación de al menos 20x para que la mayoría de las personas puedan distinguir claramente los anillos de Saturno.

Manuel Rodríguez de Viguri. Astroingeo-Ciudad de las Estrellas
Viguri(@)ya.com; info(@)ciudaddelasestrellas.org

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