La influencia de Ceres

Ceres es lo que hoy se llama un planeta enano y está localizado en el cinturón de asteroides, oscilando su distancia al Sol entre 2,5 y 3 unidades astronómicas (una unidad astronómica es aproximadamente la distancia media Tierra-Sol).

Desde bastante antes de su descubrimiento se sospechaba de la posible existencia de un planeta situado entre las órbitas de Marte y Júpiter. Bajo esta premisa el hipotético planeta fue buscado por un grupo de astrónomos que, sin embargo, no consiguieron encontrarlo. Es curioso que el 1 de enero de 1801, tan solo un año después de la infructuosa búsqueda, un astrónomo que estaba realizando un catálogo estelar lo observó casualmente. Su nombre: Giuseppe Piazzi.

Al día siguiente, 2 de enero, se nubló y al parecer la visibilidad durante ese mes fue un poco mala. Por ello no pudo publicar su hallazgo con un estudio de su movimiento hasta el 24 de enero. En esta publicación trataba su hallazgo como un «cometa» atípico, puesto que no se le observaba capa gaseosa, aunque, al parecer, él sospechaba que podía ser un nuevo planeta por su movimiento. No quería arriesgarse a decir que había descubierto un planeta y luego haberse equivocado.

Cuando esos datos publicados llegaron a  manos de Gauss, este ideó un ingenioso método matemático para calcular la órbita del cuerpo. Y efectivamente, con los pocos datos disponibles cálculos su órbita con gran precisión, confirmando que su órbita estaba a 2,8 unidades astronómicas, es decir, entre la órbita de Marte y la de Júpiter.

En un primer momento se lo catalogó de planeta. Y aunque más tarde, con la avalancha de descubrimientos de otros grandes asteroides en la misma órbita, se decidió clasificarlo como asteroide, se le puede encontrar en la bibliografía de la primera mitad del S. XIX considerado como planeta.

Curioso paralelismo con Plutón, que durante tanto tiempo se lo ha ha tratado de planeta y al final, los dos han acabado en el saco de los planetas enanos. Es gracioso que en la misma reunión de la Unión Astronómica Internacional en la que a Plutón se lo reclasificó, también se reclasificó a Ceres, convirtiéndose en el menor de los planetas enanos, cuando antes ostentaba el «título» de mayor asteroide conocido.

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Vale, si miráis los tamaños, Plutón duplica en tamaño a Ceres y eso puede ser una «razón válida» para que uno sea planeta y otro no. ¿O no? Tierra y Venus duplican ambos en tamaño a Marte, y Júpiter los deja a todos los demás planetas y cuerpos del sistema, a excepción de Sol, como enanos.

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Hace tiempo ya, no mucho después de dicha reunión, encontré en cierto foro sobre magia un hilo sobre la astrología y Plutón. Me llamó mucho la atención un comentario en especial, algo así como:

«no importa cómo lo clasifiquen para mí sigue siendo un planeta y lo voy a seguir usando para mi horóscopo.»

Al leer esto no pude evitar acordarme de Ceres y contesté algo así como:

«Que absurdo que la astrología haya empleado a Plutón durante este último siglo porque los astrónomos lo llamaron planeta, pero a objetos muy similares, que no se les ha llamado así, no los ha considerado. Sin ir más lejos ahí está Ceres, que no lo vas a encontrar en ninguna carta astral.»

No recuerdo que me contestara.

planetas

En el fondo, la moraleja de todo este asunto es que la astrología moderna es absurda, entre otras razones,  porque se basa en «los planetas». Pero esos planetas son aquellos que los astrónomos dijeron hace algo más de un siglo que lo eran. No importa otros objetos similares que están ahí y que no se llaman planetas. A Ceres no lo añadieron en la lista astrológica y si lo hicieron, al pasar a considerarse un asteroide, debió desaparecer.

En cambio a Plutón se lo llamó planeta y entonces pasó a  formar parte de las influencias astrológicas. El sistema solar está lleno de cuerpos, más grandes o más pequeños y la astrología sencillamente se queda «algunos», en concreto aquellos que si acudes a un libro de texto, se los llama planetas.

Con el cambio de clasificación de Plutón los astrólogos declararon que «no vana  dejar de usarlo porque lo digan los astrónomos» y se rasgaron las vestiduras. Me parece bien, pero si quieren ser coherentes entonces deberían decidir según que criterio Plutón es una «influencia» y Ceres no lo es. Bueno digo Ceres, pero podría decir Vesta, un asteroide del cinturón un poco menor que Ceres, o Eris, que es más grande que Plutón aunque esté más lejos de Sol que él. La lista sigue y vosotros mismos podéis haceros a la idea consultando una  lista de planetas enanos o de asteroides del cinturón.

Ésta no es, desde luego, la única incoherencia en la astrología. Sin embargo, es la que salió a relucir más recientemente con motivo de la reunión en 2006 de la Unión Astronómica Internacional, en la que se llevaron a cabo dichas reclasificaciones.

¿Cuántas rotaciones tiene la Tierra en en 365 días?

¿Cuántas vueltas (sobre si misma) da la Tierra en 365 días? La respuesta obvia es 365. ¿Acaso no nos enseñan cuando somos pequeños que la Tierra da vueltas sobre si misma y por eso ocurren los días y las noches?

La no tan obvia, es para quien se para a pensar que hay gato encerrado y dice algo así como “en un año no hay 365 días, hay 365,25 por lo que da 365 vueltas y un cuarto”. Pues no, porque no estoy mencionando la palabra año.

Mi pregunta es simple, después de que hayan transcurrido 365 días ¿Cuántas rotaciones ha realizado la Tierra?

La respuesta es “aproximadamente 366 vueltas”. ¿Y esa vuelta extra de donde sale?

Un día dura 24 horas por definición. No voy a ser excesivamente riguroso, por tanto puedo decir que un día es el tiempo que tarda el Sol en volver a su máxima altura desde la última vez. Si lo preferís, es el tiempo entre dos medio días consecutivos. Pero esto no coincide exactamente con una rotación terrestre.

La razón es la siguiente. Además de rotar, la Tierra tiene un movimiento de traslación. De tal forma que cuando han transcurrido 24 horas, la Tierra se ha desplazado levemente en su órbita.

Esto significa que cuando se cumple una rotación completa, el Sol no está en el mismo lugar que antes: debido a la traslación, estará levemente desplazado. Por eso, la duración de un día no coincide con el tiempo que tarda la Tierra en un giro sobre si misma.

La siguiente figura, completamente casera, aclara bastante todo esto. Obviamente las escalas están completamente exageradas, para que podamos apreciar bien el efecto. En la realidad es bastante más sutil. (click para ampliar)

sidereoLa bolita amarilla es el Sol. Las bolas azules son la Tierra en diferentes momentos. Como veis, la flecha azul indica el sentido de la traslación. Las flechas rojas son paralelas y marcan la dirección en la que hay cierta estrella. Esa estrella está tan lejos que el movimiento de la Tierra en un día no varía prácticamente nada la dirección en que la vemos. Consideramos pues, que de un día para otro es exactamente la misma dirección.

El radio negro dentro de la Tierra marca “nuestra posición” en la propia Tierra.

Comenzamos en la Tierra de la izquierda. La flecha roja pasa por el Sol. Esto significa que la estrella que usamos de referencia está exactamente detrás del Sol. Como veis, según pasa el tiempo, la barra va girando. Cuando la barra negra ha dado una vuelta completa (la Tierra de la derecha), el Sol no está donde estaba el día anterior. La dirección en la que vemos al Sol queda indicada por la flecha negra, que obviamente no coincide con la flecha roja.

Precisamente, sabemos que la tierra ha realizado una rotación gracias a la estrella: Como podemos considerar que la posición de la estrella es constante, nos sirve de referencia para saber cuando hemos dado exactamente una vuelta.

La curva naranja marca el ángulo de diferencia entre la posición de la estrella y el Sol. En la práctica esta diferencia es bastante pequeña: La Tierra rota en 23 horas 56 minutos y 4 segundos. A esto se lo llama día sidéreo.

Pero claro, el Sol tarda 24 horas… se retrasa cosa de 4 minutos cada día. Si hacéis la cuenta, esa diferencia de casi 4 minutos por día, al cabo de 365 días se han convertido en aproximadamente un día sidéreo. Es decir, cada 365 días, hemos dado aproximadamente 366 vueltas.