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La Vía Láctea hacia Santiago de Compostela

Concha del Camino de SantiagoDesde que el hombre comenzó a mirar al cielo, ese reguero blanquecino que hoy conocemos como Vía Láctea nos ha llamado siempre la atención. En todas las culturas antiguas aparecen mitos y leyendo acerca de como se formó y qué función tiene: desde que es el camino para las almas caídas, según los vikingos; hasta que es leche del seno de Hera (Juno para los romanos) que se derramó al separar a Heracles (Hércules para los romanos) de su pecho con violencia, según los griegos; pasando por un montón de historias diferentes para el resto de pueblos como los mayas, los chinos, o las tribus indias. Más recientemente, la Vía Láctea adquirió otra función más acorde a los tiempos de la Edad Media, la peregrinación con motivos religiosos.

En el siglo XII de nuestra era, se escribió el Códice Calixtino que es una especie de guía para facilitar la llegada de los peregrinos a Santiago de Compostela, además de contener textos religiosos como liturgias y salmos. En dicho Códice, conservado actualmente en el archivo de la catedral de Santiago de Compostela, se consolida la relación de la Vía Láctea con el Camino de Santiago. Y digo consolida porque anteriormente ya se había hablado de esta relación pues se creía que la Vía Láctea era una señal divina formada por una catarata de estrellas que caía del cielo y apuntaba hacia el sepulcro de Santiago. De esta forma se encontró el supuesto sepulcro del Apostol y se creó la ciudad en el siglo IX. Fue a partir de entonces cuando comenzó la peregrinación de gente procedente de toda Europa hacia la ciudad para adorar el santo sepulcro. Volviendo al Códice, lo que se relata en él es que el propio Apostol se le apareció a Carlomagno para indicarle que siguiendo la Vía Láctea podría llegar a Santiago de Compostela.

Actualmente sabemos que esta indicación es bastante pobre. El motivo es que las estrellas que conforman el reguero de leche, al igual que el resto de estrellas del firmamento (a excepción de la estrella Polar) tienen un movimiento relativo en el cielo que las hace salir por el este y esconderse por el oeste. Además, según la estación del año, la posición de la Vía Láctea también varía, por lo que realmente no nos sirve como guía hacia Santiago. Tan solo en las mañanas de verano es cuando la Vía Láctea puede servir a los peregrinos pues tiene una orientación este-oeste (E-W). Desde el norte de España es fácil tomar la dirección oeste hacia Santiago ya que es el lado del reguero contrario al de la salida del Sol. Los peregrinos europeos, sin embargo, lo tienen más difícil ya que la dirección a tomar es la noreste-sudoeste (NE-SW), motivo de más para no fiarse de hacia dónde “apunta” la Vía Láctea. Así pues, es bastante más fiable orientarse mediante el Sol durante el día o la estrella Polar durante la noche, aunque esto no tenga un matiz religioso.

Vía Láctea

La idea de orientarse mediante una catarata de estrellas que cae desde el cielo hacia Santiago se queda, por tanto, en un mero recuerdo de aquellas épocas medievales en la que reinaba la religión y cualquier cosa en el cielo como la propia Vía Láctea, un cometa, o una lluvia de estrellas era considerado como una señal divina de que algo iba a suceder.

Actualmente, es mucho más fácil llegar a Santiago de Compostela, ya que disponemos de sistemas de geolocalización modernos como los GPS, pero claro, ¿dónde queda ahí el romanticismo de orientarnos mediante el cielo? Desgraciadamente la gente ya apenas mira al cielo para algo más que para ver formas en las nubes o perder la mirada en el infinito. Personalmente creo que tenemos mucho que aprender de aquellos peregrinos medievales que día tras día se ponían en marcha hacia Santiago de Compostela sin más brújula que el Sol, las estrellas, o una errante cascada blanquecina de estrellas.

Saludos 😉

Nota: Durante el artículo se habla siempre de la Vía Láctea como ese reguero de estrellas blanquecino que vemos en el firmamento por las noches. Realmente es tan sólo una parte de nuestra galaxia, ya que todas y cada una de las estrellas que vemos en el cielo forman parte de ella.

Fuentes:
PDF de Museos Científicos Coruñeses
El Camino de Santiago

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