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De las Estrellas y Constelaciones ( y II)

Constelaciones.

Lunes 16 de febrero de 2009.
Desde la Tierra las estrellas visibles se proyectan sobre una imaginaria esfera celeste que nos produce la sensación de que se encuentran todas a la misma distancia (la ausencia de la observación de paralaje celeste llevó a los griegos a creer firmemente en este supuesto). Desde la más lejana antigüedad diferentes agrupamientos estelares fueron reconocidos como figuras o seres mitológicos, estos agrupamientos imaginarios son las llamadas Constelaciones.

Constelaciones como Escorpio, Leo, Hércules, Pegaso, Andrómeda nos son familiares a través de la mitología griega, y los agrupamientos estelares que creyeron los antiguos reconocer como tales seres son aún hoy día utilizados. Otras constelaciones, como Tauro, se remontan aún más atrás en el tiempo y su origen se pierde en los albores de la civilización, más allá de la civilización Mesopotámica hace más de 5000 años.

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La forma de cada constelación es debida a un efecto de perspectiva, ya que si el observador se colocase en un punto lejano al Sol, desde otro sistema estelar a varias decenas o centenares de años luz, las constelaciones aparecerían de forma diferente.

Todo el cielo está repartido en áreas que tienen límites y cada área contiene una de las antiguas constelaciones que le da nombre a dicha zona. Una constelación no tiene ningún significado físico, es simplemente una región del cielo con estrellas enmarcadas en unos límites y que nos son útiles como sistema de referencia para la localización de otros objetos celestes.

Al igual que cuando miramos un mapa de la Tierra nos valemos de la ubicación de la silueta de determinados paises para ubicar a otros vecinos menos reconocibles, igual hacemos con las constelaciones del cielo.

Los antiguos no cubrieron todo el cielo con constelaciones ni definieron con exactitud donde terminaba una y empezaba otra. Aunque las nuevas constelaciones introducidas conservan la metodología de nombres en Latín, representan objetos menos exóticos como puedan ser Telescopium, Microscopium o Antlia (bomba neumática).

A partir de 1927 la Unión Astronómica Internacional estableció las delimitaciones exactas de las constelaciones y quedó definitivamente delimitando las 88 zonas asignadas a cada constelación mediante la utilización del sistema de coordenadas celestes, a modo de paralelos y meridianos terrestres, que veremos más adelante.

De las 88 constelaciones, 48 constelaciones han llegado hasta nosotros desde la antigüedad (por griegos y árabes) y 40 han sido introducidas en la época moderna (casi todas las nuevas constelaciones se encuentran en el hemisferio austral que eran desconocidas por las antiguas civilizaciones mediterráneas).

Las constelaciones varían de posición a lo largo de la noche debido al movimiento de rotación terrestre, pero sobre todo cambian a lo largo del año, debido al movimiento de translación terrestre alrededor del Sol, motivo por la cual vemos unas determinadas constelaciones en Verano, otras en Otoño y así sucesivamente. En España son visibles unas 70 constelaciones.

El asterismo, o grupo de estrellas, más prominente en el firmamento boreal es el Gran Carro (para los ingleses la forma delineada es la de un gran cucharón) cuyas siete estrellas delinean la forma de un carro. El asterismo en si de 7 estrellas sólo son las siete estrellas más brillantes de la Osa Mayor, Constelación compuesta por muchas más estrellas aunque más débiles.Osa Menor sobre el Bartolo

Entre todas las Constelaciones, existe un grupo muy especial y que constituyen posiblemente las más antiguas de las que tengamos constancia, son las llamadas constelaciones Zodiacales. El Zodiaco no son otras que las constelaciones meridionales (hacia el Sur) para observadores de latitudes intermedias que se disponen a lo largo de una banda imaginaria de un anchura aproximada de unos 18º por la cual parecen transcurrir a lo largo de las sucesivas noches los planetas, el Sol (cuya trayectoria a lo largo del año marca la llamada eclíptica) y la Luna.

Una primera forma de acercarnos al estudio de las constelaciones es el dividirlas en constelaciones circumpolares y constelaciones estacionales. Esta clasificación sólo hace referencia a su visibilidad de acuerdo a la posición de un observador sobre la superficie de la Tierra, que para nuestro caso será un observador de una latitud intermedia (40º Norte).

Así, veremos que se habla de Orión –el cazador- como una constelación invernal, es decir que su visibilidad óptima (máxima altura hacia el horizonte Sur del observador a la media noche) se produce durante los meses de invierno, o bien de Sagitario como una constelación estival, porque alcanza su mejor momento de observación durante las calidas noches veraniegas.

En la fotografía anterior podemos reconocer la silueta de la Osa Menor (y en su extremo la estrella Polar; único astro inmóvil durante la noche) sobre el pico del Bartolo, en las cercanías de la ciudad de Castellón. No se trata de una constelación brillante y precisaremos reconocer el cercano asterismo de la Osa Mayor para identificar la Polar y las estrellas que conforman la Osa Menor.

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