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El instrumento que cambió el mundo

Según Aristóteles, aceptado unánimemente durante siglos como uno de los mayores pensadores de la historia, el mundo supralunar, es decir, el que se situaba por encima de la órbita de la Luna, era perfecto e inmutable. De esta forma, se interpretaba que los cambios que de vez en cuando asombraban a los observadores, por ejemplo los cometas, tenían que producirse en la atmósfera para no contradecir esta idea de perfección.

Las teorías aristotélicas perduraron muchos siglos, incluso aunque algunos astrónomos observaran cambios en el cielo. En noviembre de 1572 unos pastores de Onteniente relataron al profesor Jerónimo Muñoz que en el cielo había aparecido una nueva estrella que podía verse incluso de día. Muñoz era profesor de la Universidad de Valencia y en sus escritos podemos leer “de propósito mirando al cielo vide cerca de la Casiopea una estrella como lucero…la magnitud aparente parecía entonces algo mayor que Júpiter…mas parecía escintillar como estrella fija”. La nueva estrella era en efecto una nova, el resultado de la colosal explosión de una enana blanca. En 1573 escribe por encargo del rey Felipe II el Libro del Nuevo Cometa. En su libro queda claro que el Universo es corruptible e infinito, al contrario de lo que había postulado Aristóteles. La presencia de la nueva estrella es debida a un fenómeno astronómico y no atmosférico.

Tras la publicación de su obra, Jerónimo Muñoz se granjeó la enemistad de los teólogos de la época, que criticaron sin piedad sus impecables observaciones. No era fácil cambiar el modo de entender el universo, pero poco tiempo después un sencillo instrumento lograría acallar incluso a las voces más críticas.

No sabemos a ciencia cierta quien fue el inventor del telescopio, es posible que tuviera un origen español o que surgiera en los talleres de los talladores de lentes de los Países Bajos, poco importa realmente. En mayo de 1609, Galileo Galilei recibe en Venecia una carta de Jacques Badovere, un noble francés que le confirma un rumor que ya había escuchado en Italia, la existencia en los Países Bajos de un instrumento óptico que permitía ver los objetos lejanos.

Dos de los telescopios de Galileo. Museo di Storia della Scienza. Florencia

Dos de los telescopios de Galileo. Museo di Storia della Scienza. Florencia

A su llegada a Padua, donde era profesor de matemáticas, construye su primer telescopio en un plazo de tan sólo veinticuatro horas. Se trataba de un simple tubo de plomo con dos lentes de cristal en los extremos, ambas con un lado plano y el otro convexo y cóncavo respectivamente.

El resultado fue tan satisfactorio que Galileo escribió inmediatamente a sus amigos. Tras montar las lentes sobre un tubo mejor lo envió a Venecia y durante un mes pasó por las manos de diversos oficiales de la República Serenísima despertando siempre la misma admiración. Galileo, consciente de la importancia militar del invento, lo presenta al Senado. A cambio, su plaza en Padua pasa a ser vitalicia y su salario se ve incrementado en 1000 florines al año.

Tras su regreso a Padua fabrica otros dos telescopios, uno de 8 aumentos y otro de 20 aumentos, con éste último consigue ver la Luna que muestra una superficie rugosa y montañosa.

Bocetos de las observaciones lunares de Galileo

Bocetos de las observaciones lunares de Galileo

Su cuarto telescopio confirma la primera observación lunar. La superficie de nuestro satélite no parece lisa como muchos griegos habían pensado, al telescopio se observan perfectamente los valles y montañas lunares. En el terminador, la zona que separa la zona en penumbra de la zona iluminada es donde mejor se aprecian las formaciones. También constata que las montañas de la Luna son muy altas.

Portada de la obra Sidereus Nuncius

Portada de la obra Sidereus Nuncius

Galileo publica los resultados de sus observaciones en una pequeña obra titulada Sidereus Nuncius, dedicada al gran duque Cosme II de Medici. Su publicación en marzo de 1610, apenas dos meses después de las primeras observaciones telescópicas del cielo, produce un extraordinario efecto entre los eruditos de la época. En este sentido podemos afirmar sin ápice de exageración que el telescopio de Galileo verdaderamente cambió el mundo, ya que contribuyó no sólo a demoler la imagen tradicional del universo aristotélico, sino que tuvo importantes repercusiones en los planos filosófico, religioso y antropológico. El planteamiento de la posición de la Tierra en el Universo y de su movilidad generó a su vez nuevos interrogantes sobre el origen del mundo y sobre el sentido y el fin de la especie humana.

En el Año Internacional de la Astronomía que hoy empieza tenemos una ocasión única para celebrar la contribución a la sociedad, a la cultura y al desarrollo de la humanidad que ha supuesto esta rama del conocimiento.

Bibliografía:

The History of the Telescope. Henry C. King. Dover, 2003.

Il telescopio di Galileo. Giorgio Strano et al. Giunti, 2008.

Hacia una nueva imagen del mundo. Gonzalo Menéndez-Pidal. Real Academia de la Historia, 2003
Publicado bajo la categoría Historia de la astronomía
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Un comentario a “El instrumento que cambió el mundo”

  1. Salud!!!!

    Agradecer esta inciativa es la intención de mi post, y de paso comentar de ligero una curiosidad.

    En tu artículo, dices que en el año 1572 desde el pueblito de Onteniente, unos pastores vieron la explosión de supernova, y casualmente yo uso a Onteniente o sus cercanías, para ciertas noches de observación a ojo desnudo y con prismáticos, que vivo a unos 9 km de Onteniente.

    Es curioso ese asunto de la observación, ya no será lo mismo cuando regrese a la montaña de Onteniente, sabré que hace 500 años unos pastores vieron a una nueva estrella y volando fueron a contarlo, y quien sabe, puede que se repita el hecho y no sean pastores los que avisen de supernova, puede que sea un jipi desde las mismas montañas.

    En realidad, solo quería ofrecer una dosis de ánimos a los “padres” de este Blog, el resto es prosa.

    Saludos

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