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El cielo se nos cae encima

Asterix and the falling sky

El mayor miedo que tenían los irreductibles galos de Uderzo es que el cielo se les cayese encima. Desde que presenciamos el impacto del Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter en 1993 nosotros también somos conscientes de ese riesgo. Afortunadamente 29401 Astérix y 29402 Obélix se encuentran en el cinturón principal con una órbita estable y lejana a nosotros, pero hay otros cuerpos que sí se aproximan a nuestro planeta. Diversos proyectos rastrean el cielo en busca de estos NEOs (por sus siglas en inglés, Near-Earth Objets, Objetos próximos a la Tierra).

Mucho se ha escrito ya sobre el Apophis, y si bien sabemos que son nimias sus probabilidades de impacto, hay otros cuerpos que sí impactan contra nosotros todos los días. En la actualidad tenemos catalogados a más del 90% de los cuerpos realmente peligrosos, pero a la Tierra llegan hasta 100 toneladas diarias en forma de meteoroides de entre micras y una decena de metros de diámetro.

En 2008 se llegó a un hito en la predicción de estos impactos (en este caso en impacto atmosférico). Un asteroide fue descubierto antes de su colisión con nuestro plante y fue seguido hasta que se desintegró, casi en su totalidad, en nuestra atmósfera.

El asteroide 2008 TC3 fue descubierto en un rastreo de asteroides habitual del ‘Catalina Sky Survey’ que se realiza desde el Observatorio de Mount Lemmon. Las primeras observaciones indicaban que había un 90% de probabilidad de impacto. La comunidad internacional se hizo eco de la noticia y se realizó un seguimiento global, en el que los observadores aficionados españoles participaron con un 30% de las observaciones enviadas al MPC (Minor Planet Center, organismo encargado del archivo de observaciones de asteroides y cometas).

Un asteroide de entre 1 y 5 metros de diámetro impactó a más de 12 km/s, el pasado 7 de octubre a las 04h45m45s hora oficial peninsular (UTC+2), dando lugar a un gran bólido o estrella fugaz de gran brillo. Este fenómeno es habitual y no conlleva ningún riesgo gracias a la protección atmosférica que frena al cuerpo y lo volatiliza casi en su totalidad. Es posible que hayan caído algunos meteoritos en una remota región del NE de Sudán, en el cuerno africano.

Imagen del impacto atmosférico en el infrarrojo

Imagen en el infrarrojo donde se aprecia el desplazamiento del asteroide de Oeste a Este, con la explosión final que tuvo un brillo superior al de la Luna Llena (magnitud < -12). El satélite meteorológico Meteosat 8 también registró el suceso. Crédito de la imagen: Zdenek Charvat, Czech Hydrometeorological Institute.

El astrofísico Peter Brown ha recopilado datos de infrasonidos que confirman el impacto atmosférico. Las estaciones de infrasonidos se emplean para detectar explosiones de armas nucleares, o como en este caso otras explosiones de gran energía. En este caso la energía emitida en la alta atmósfera fue de uno 1 o 2 kilotones (1 o 2 toneladas de TNT, en comparación la bomba sobre Hiroshima era de 15 kt). Muy lejos de los 10-15 megatones del suceso de Tunguska, y por tanto sin ningún riesgo para la vida en la Tierra.

Tras este logro, en la próxima década no serán extrañas las previsiones de grandes bólidos al igual que ahora se prevén las lluvias de meteoros o las reentradas de chatarra espacial.

Y mientras tanto 29401 Astérix y 29402 Obélix siguen orbitando entre Marte y Júpiter. En estos días se encuentran próximos a su oposición, a unas 2,2UA y magnitud 19. ¡Por supuesto Obélix un poco más brillante, que para eso es de mayor diámetro!

Publicado bajo la categoría Astronomía en Internet, Bólidos, Meteoros y Meteoritos, Cuerpos Menores, General, Investigación Amateur
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